Marjane Satrapi: morir de tristeza, morir de amor, morir de Irán
La autora de Persépolis, exiliada, insumisa y luminosa, murió en Francia a los 56 años, poco más de un año después de la muerte de Mattias Ripa, su esposo y compañero de creación. Este es mi homenaje a una mujer que convirtió el dolor en verdad y la memoria en resistencia.
Otra vez la muerte, «siempre la muerte, su paso breve», recordarán el verso lezamiano. Pero hay muertes que no irrumpen: se sedimentan. No llegan con estruendo, sino con una lentitud de ceniza, de sombra, de frío, hasta ocuparlo todo. La de Marjane Satrapi ha sido, me dicen, una muerte de tristeza, un año y poco después de la muerte de Mattias Ripa, su esposo, su compañero, el amor de su vida. Y yo lo creo. Lo creo porque hay dolores que no hacen ruido y, sin embargo, devastan. Lo creo porque algunas mujeres cargan no solo con su herida íntima, sino con la herida de un país entero. Y Marjane llevaba dentro a Irán como se lleva una patria perdida: clavada en la carne, respirando en cada palabra, en cada dibujo, en cada combate.
Nos encontramos varias veces para hablar de derechos humanos en Irán y en Cuba, y no exagero si digo que aquellas conversaciones permanecen en mí con una nitidez singular. No eran intercambios de cortesía entre artistas ni una de esas charlas previsibles donde la corrección política disimula la falta de coraje. En Marjane todo era verdad: la indignación, la lucidez, la memoria, la compasión sin sentimentalismo. Hablaba de la barbarie con una claridad feroz, pero también con esa ironía suya, seca e inolvidable, que era otra forma de inteligencia y también........
