La larga noche

«La situación ya no es vivible», afirma un joven parisino de 23 años entrevistado por una corresponsal española. «Estamos hartos de no sentirnos seguros en nuestro propio país». Otra chica bordelesa, ésta de 20 años, asegura: «Estoy harta de tener miedo cuando salgo, ya sea de noche o de día. En Burdeos tenemos cuidado de no volver solos de fiesta, porque cuando alguien lo hace, siempre hay algún problema». «Por la noche, cuando salgo para ir de fiesta y llevo una falda, me pongo un chándal encima que me quito al llegar, para evitar que me molesten», cuenta una joven de Lille.

Estos testimonios, de chicos sufriendo una realidad distópica pero siniestramente actual, un panorama incierto y cruel, enfrentados a una nueva forma de barbarie, serían catalogados dentro del conglomerado gubernamental español y sus canales de propaganda oficialistas como «ultraderecha», anatema usado a discreción y camelo que vale para todo, sonido de sonajero para tanto tonto orgulloso de serlo y que no se priva de demostrarlo a la primera ocasión; esa necedad abrasiva que se empeña en darle la espalda a la más elemental de las realidades: las personas necesitan sentirse seguras, dejar de convivir con el miedo.

Como nadie escarmienta en cabeza ajena, a los que controlan el relato y los debates en España o mueven la ventana de Overton, los ejemplos de Suecia o Francia les traen sin cuidado, como el hecho de que la policía haya perdido el control de varios........

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