El volumen del horror |
Primo Levi, testigo y relator fundamental del Holocausto, quiso describir lo inimaginable con exactitud y frialdad, sin necesidad de excesivos artilugios narrativos. Afirmó: «No había necesidad de subrayar el horror. El horror estaba allí».
No recuerdo un silencio más áspero que el que invadió la sala de proyección después de ver los 47 minutos de material recopilado por Israel en los ataques del 7 de Octubre. La losa que había caído a plomo sobre los que ahí estábamos, testigos en ese pase privado, documental que los judíos sólo enseñan bajo invitación acreditada y con la premisa de contar lo que vimos. Al igual que en el material gráfico que nos mostraron, no había mucho más que decir, porque el horror ya estaba ahí, en toda su escalofriante dimensión. Cualquier cosa que al terminar pudiéramos verbalizar era superfluo. No había cabida para algo así como una charla banal a la salida del cine, después de enmudecer con tanta sangre derramada.
El horror estaba en las cámaras y móviles de los terroristas que registraron matanzas a sangre fría en los kibutz, en guarderías, en el festival de jóvenes en Nova. Que filmaron decapitaciones, torturas, ejecuciones, violencia sexual, secuestros. También la felicidad de los gazatíes cuando llegaban las siniestras camionetas cargadas de cadáveres, el ensañamiento con los cuerpos, niños escupiendo sobre ellos, multitud zarandeando a los secuestrados aún vivos, heridos........