El renacer andaluz
Con la apostura de un meritorio que ha logrado su primer contrato (la sonrisa perfecta, el pecho henchido de democrático orgullo, la mirada alta y segura), Moreno Bonilla salía esta semana por TV a tocar la campanita para que los andaluces vayan a votar el 17 de mayo. Se le veía pletórico y a la vez un poco sensible ante la solemnidad del momento; algunos temimos que fuera a derramar alguna lagrimita de incontenible emoción. «Andaluces, vamos a elecciones». El tráfico pareció detenerse en las principales arterias de Sevilla. No era para menos.
Juanma, que así le llaman los amigos, sabe que no ha sido fácil convertirse en el líder emergente que es ahora mismo dentro del PP. Siendo de la misma arcilla política que Feijoo (socialista de ducha frecuente), su último mandato en solitario le ha hecho convertirse en un barón regional respetado entre los suyos. Inane, por supuesto. Incapaz de nada práctico que los ciudadanos y las familias puedan recordar. Pero, oiga, dispuesto a encadenar otros cuatro años en el Palacio de San Telmo, dando la manita a unos y a otros para llevarse bien con todos. Que de eso se trata el bipartidismo, básicamente.
Moreno Bonilla tiene un mérito que nadie le puede negar, y es que siempre parece mejor de lo que es. Le pasaba también a Adolfo Suárez, si me permiten ustedes la excursión mental, y salvando las muchas distancias. Si tratan de analizar cualquier discurso del candidato pepero a la presidencia de la Junta, verán que apenas hay otra cosa que lugares comunes del régimen del ’78 pasados por el tamiz de la socialdemocracia, siempre tan fecunda en topicazos. Un coñazo absolutamente insufrible e inútil, salvo que uno lo use como penitencia cuaresmal.
Lo que las familias andaluzas pueden constatar es que sus problemas siguen en el kilómetro cero de la legislatura que ahora termina. Que sigue sin haber empleo ni viviendas suficientes. Que cada vez crecen más la inmigración y la inseguridad. Que el campo está secuestrado por la mafia con sede en Bruselas, y se cuentan por miles los agricultores y ganaderos en un jaque mate inminente. Que los jóvenes sólo aspiran a poderse marchar al extranjero, donde se les permita ganarse la vida dignamente. Andalucía no sólo no ha mejorado con el PP en el Gobierno, sino que en muchos aspectos está yendo notablemente a peor.
En la insoportable levedad de su ser, Moreno Bonilla aspira a sustituir a Pedro Sánchez como el encantador de serpientes que apenas necesita una sonrisa y su mano blandiblup para lograr el apoyo de sus peores enemigos, hoy convertidos en socios potenciales. Solamente tiene un adversario real, que es VOX; el único que le critica con argumentos, el que le recuerda los compromisos pendientes, el que puede lograr que muchos andaluces cambien la resignación y el desencanto por esperanza. Moreno lo sabe, y por eso despliega hacia el bueno de Gavira y sus leales compañeros la misma soberbia y displicencia que suele usar Feijoo con Abascal. El desprecio que provoca el miedo.
Se viene el 17 de mayo en lo que serán, si nadie nos lo remedia desde el Cielo, el anticipo de las generales. Dos nuevas oportunidades para echar a los peores, sin duda, pero también para padecer las malas artes del bipartidismo, que no duda en usar a sus esbirros del periodismo para echar basura sobre su enemigo común. Bueno sería que, al igual que fue la tierra donde se completó la Reconquista, sea ahora el lugar en el que comience a renacer España de sus cenizas. Lo vamos a necesitar.
