Don Mariano

El último recuerdo que conservo de don Mariano es en la iglesia de Santo Domingo, al finalizar misa de once. Tras la homilía, bajando del atril, había perdido pie y sufrido una caída bastante fea, así que lo esperábamos frente a la sacristía para preguntarle cómo se encontraba. Avanzó hacia nosotros cogido del brazo de Aurelio. Había adelgazado mucho y su cuello emergía de la camisa negra como de un caparazón. Quitó importancia a nuestras preguntas con un gesto muy suyo, perentorio, capaz de hacerte sentir culpable por haberte preocupado. Acto seguido añadió que el problema no era la caída, sino que para ayudarle se había levantado una feligresa que estaba aún peor que él. Eso era lo grave.

Morir tarde, cuando toca, aunque preferible a morir cuando no, tiene el inconveniente de que te recordarán en la vejez, lejos de tu mejor perfil. Le pasó a Góngora, al que todos imaginamos según el retrato que Velázquez pintó cuando el poeta tenía ya un pie en la tumba y el gesto avinagrado por los muchos desengaños. Otros hay que viven lo suficiente para echar por tierra su reputación y convertirse en una........

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