Caridades lejanas
Lo de Ceuta ha sido la excusa perfecta para desatar la habitual tromba biempensante sobre la caridad infinita a la que los europeos estamos obligados con todo aquel que llegue a nuestro suelo en cualquier circunstancia y con cualquier objetivo. ¡Qué fácil es llenarse la boca con la caridad sobre todo cuando se hace con dinero ajeno y sin que los que la proclaman estén dispuestos a arrimar el hombro! ¡Y qué cómodo es exigirla para los lejanos sin haber movido jamás un dedo por los cercanos! Seguro que usted también conoce, maledicente lector, a alguno de esos amantes de la Humanidad abstracta incapaces de amar a hombres concretos, a los minusválidos y menesterosos de su propia ciudad, a sus vecinos necesitados e incluso a sus propios padres y abuelos.
La progresía de izquierda y derecha y la clerecía oenegeísta se dan la mano en esta materia con la especial satisfacción que procura saberse encarnadores de la bondad........
