Demografía y guerra civil
Casi todo lo que ocurre en Occidente se explica a través de la demografía. Los nacimientos y la tasa de fecundidad alcanzan mínimos históricos en España. Hay más muertes que nacimientos, incluso menos que durante la guerra civil. El saldo vegetativo, por tanto, es negativo y el envejecimiento de la población avanza con rapidez. La edad de las madres primerizas nunca ha sido tan alta. También aumenta el número de hogares unipersonales. Consagrada la soledad, la baja natalidad y la inmigración masiva, el relevo generacional es deslocalizado como las fábricas y el campo. Si ceteris paribus, entonces somos una nación sin futuro porque si España es otra cosa entonces no será.
El reciente informe demográfico elaborado por Alejandro Macarrón y Joaquín Leguina (Ceu-Cefas) es el diagnóstico de un país que avanza como un sonámbulo hacia el precipicio. Estos son algunos de los datos que arroja el estudio:
-La población de España se encuentra en máximos históricos con casi 50 millones de habitantes debido a la llegada masiva de inmigración.
-En 2024 se produjo el mínimo de nacimientos (317.255) en varios siglos. Y sólo 212.030 de madres nacidas en España, un 68% menos que en 1976.
-España registra la menor tasa de fecundidad de su historia con 1,10 hijos por mujer.
-Máximo histórico de nacimientos con padres inmigrantes: el 33,2% de los recién nacidos tienen madre nacida en el extranjero y un 38,5%, madre y/o padre nacido fuera de España.
-La edad promedio de las mujeres nacidas en España al tener el primer hijo es 32,3 años. Récord.
-En 2024 hubo 116.056 defunciones más que nacimientos. En todas las provincias murieron más españoles autóctonos de los que nacieron, con una proporción de dos a uno o más en 31 de ellas.
-Las personas con 65 años o más son el 21,3% de la población.
-La edad media de la población es de 44,5 años y la de los españoles de 47 años. En 1976 era de 33 años.
-Hay casi diez millones de habitantes nacidos en el extranjero mientras el acceso a la vivienda es casi imposible y registramos el mayor paro juvenil de Europa.
-Los hispanoamericanos son la mitad de los inmigrantes en España. En los últimos años lideran las llegadas. Por países, los extranjeros más numerosos son los marroquíes, seguidos de colombianos y venezolanos.
-La soledad en el hogar se dispara: cinco millones y medio de españoles viven solos. En 1970 eran 660.000.
Son números de una sociedad en descomposición. Cifras de ruptura, casi de guerra civil en certera convergencia con otras naciones europeas. En este contexto el Gobierno anuncia nuevas regularizaciones masivas con el indisimulable objetivo de reemplazar al pueblo español. La política migratoria bipartidista lleva décadas en vigor y los resultados están a la vista: hay diez millones de residentes nacidos en el extranjero. Y más marroquíes y colombianos que habitantes en Extremadura, Navarra y La Rioja juntos.
La ministra Elma Saiz ha repetido esta semana que necesitamos 300.000 inmigrantes al año para cuadrar unas cuentas que, como la demografía, reflejan el colapso de la nación. La deuda supera al PIB y España es el país con mayor paro juvenil de Europa. ¿Vienen a pagar las pensiones? Con la economía creciendo al 3% la Seguridad Social tuvo 58.600 millones de euros más de gasto en pensiones y otras prestaciones que ingresos por cotizaciones sociales y tasas en el año 2024.
Claro que todo plan necesita una coartada. La del Gobierno son el Banco de España, la AIReF, el FMI, la Comisión Europea y Naciones Unidas, que justifican la invasión legalizada para mantener el equilibrio entre trabajadores y jubilados. Sin los inmigrantes —dicen— es imposible mantener el estado del bienestar: ¿no lo nota usted cada vez que espera durante horas en urgencias o hasta 126 días de media para una operación quirúrgica? Hágame caso a mí, no a sus sentidos.
El modelo vigente que importa mano de obra barata masiva tampoco sería posible sin la bendición de la conferencia episcopal, los sindicatos y la patronal. Con el terreno preparado y todas las parroquias convencidas, los dos grandes partidos sólo tienen que poner la mano para recoger la cosecha.
En mitad de este desorden posmoderno, arrinconados en el lugar que la historia les ha concedido, quedan los nacionales, molestos autóctonos cuyos antepasados levantaron el país con sus impuestos y ahora ven cómo les roban la herencia. Nunca habíamos visto un poder global y coordinado legislando contra su propio pueblo. Un pueblo que ya no es. Así, la atomización de la sociedad genera una atmósfera irrespirable con dos mitades irreconciliables. Es el paso previo a un conflicto civil a nivel europeo. Cómo será la división y el odio hacia lo autóctono que el feminismo y sus aliades han votado a favor del burka.
PD: Ha muerto Robert Duvall, el teniente coronel Kilgore de Apocalypse Now. Nos sigue encantando el olor a napalm por la mañana.
