¿De qué estamos hartos?

En primer lugar, la mayoría de los votantes votan con el estómago, no con la cabeza. No pretendo juzgar, tan solo es un hecho. En segundo lugar, a la gente común no le influyen en absoluto los datos macroeconómicos del país, sino lo que hay o no hay en su nevera, y últimamente en España no hay. La parte que el gobierno nos quita de los bolsillos a través de los impuestos y la evolución de su sueldo a lo largo del tiempo son otros asuntos que realmente inquietan al votante, al menos al votante que no haya sido lobotomizado por Ferraz antes. Una multa de tráfico, un intento de robo a manos de un inmigrante ilegal, una absurda normativa medioambiental que prohíbe las pajitas de plástico o alguna prohibición estúpida de cualquier alcalde que afecte a la vida cotidiana de los vecinos son más importantes para el voto que las interminables hojas de cálculo con gráficos gigantescos que los políticos exhiben.  

El gran problema de la audacia política es que, casi siempre, es instintiva. Tiene algo........

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