Maniobra el globalismo |
Al hombre que ha ganado la guerra cultural y la guerra política, ahora le quieren hacer la guerra religiosa. A la cuestión de Israel y los judíos, se le une un conflicto incipiente con los católicos que ya barruntábamos.
León XIV quizás estaba siendo un poco León XIII-XIV cuando, tras recibir a un colaborador de Obama, comenzó a lanzar mensajes sobre la guerra. ¿Qué va hacer un Papa sino hablar contra la guerra? Pero hay maneras, y todos tenemos tonito, hasta el Papa, y Trump, que no se calla, se lo recriminó y dijo esa cosa genial de «El Papa es flojo con el crimen». Ya hubiera sido bastante, pero además puso el tuit en el que dicen que parecía un Cristo. Esto puede ser ofensivo y es comprensible que ofendiera mucho a algunos, pero el resto se subió a una ola que es la de siempre: si la semana pasada Trump era genocida por un tuit, ahora es el Anticristo.
Sobre Trump se olvida a veces que es un hombre en lucha solitaria contra el sistema mediático mundial. De Israel y de él se dicen barbaridades, pero ¿ustedes oyen algo malo de los ayatolas? Que si tienen estudios, que cómo lloran, qué sensibles son, que qué hombres más elegantes, que respetan a Cristo, que son guardianes de la milenaria civilización persa, que son muy humanitarios, que han ganado la guerra perdiéndola, y lo más gracioso es cómo hablan del Estrecho de Ormuz, que parece que es de ellos.
De Irán, ni palabrita. Pero con Trump… Se arrancan hasta los moderados. Me marcó (por azar, debo decir) un tuit del intelectual moderado Garrocho: «La carnavalada populista de Trump y sus socios en España no tiene absolutamente nada que ver con lo que se espera de la ideología conservadora. La democracia cristiana no puede contemporizar con este delirio». El tuit es, que me perdone Garrocho, para fundar un seminario, pero llama la atención la bata de cola de «sus socios en España»…
La periodista Lucía Méndez (todo sin buscar, eh) habló de las «imposiciones bárbaras de Trump y sus violaciones de las leyes humanas y divinas».
Van tanto con Irán que hablan ya como en una teocracia. Pero es que estamos ante el globalismo desatado, movilizado. Han acabado con Orban, dejan solo a Trump, y van a machacar a los que quedan. Se exprime el infantilismo e insensatez de la opinión pública europea en una especie de penúltimo arrebato y se mira a China pensando si podrá prolongar nuestra adolescencia. Allí fue Sánchez a vender multipolarismo y explicar su método: Occidente debe ceder peso al Sur Global en las organizaciones internacionales. Hacer lo que él en España. Entregar la cuchara y cobrar por ello.
Sánchez se erigió paladín contra el «anglosionismo» por nuestra fe y nuestra soberanía y justo después anunció la regularización de más de medio millón de personas. La cara B del tercermundismo. El inglés Rupert Lowe, que ni siquiera está en la UE, exclamó: ¡Traición!
Pero también es la regularización y la globalización de la Iglesia, y los obispos españoles, que se han comido el aborto, la eutanasia, la ideología de género y la profanación de Franco saltan ahora por un tuit mientras los católicos profesionales, un poco a por uvas, se ponen a hacer antisemitismos de salón y le declaran la guerra a Trump, al que deben la poca luz que cae.
El gobierno agradece el número creando la Oficina de resolución de casos de abuso sexual en la Iglesia Católica, por vía extrajudicial, mano a mano con la Confe, a partir del censo de víctimas que lleva… El País.
La Iglesia está en el ajo (in the global garlic), y el Papa León irá a bendecirlo todo a Tenerife y Lampedusa mientras Trump cierra su frontera e intenta quitarle el uranio a los ayatolas, que son unos auténticos gentlemen.
(Este artículo contiene 666 palabras por azar, el mismo que me llevó a los tuits de Méndez y Garrocho. No por luciferino trumpismo)