La última de Torrente

Que el país hable de Torrente dice mucho de la España que vivimos. Es como si a principios de los 80 se debatiera sobre una de Ozores… Y no es un desdoro. Compararlo con el genio ozoriniano es lo mejor que se puede hacer. Es un cine comercial, para la risotada, que se nota hecho para el exacto momento.

Segura reúne a muchos españoles en torno a su humor. Es una forma de consenso, como lo que pretenden invocar los anuncios navideños con los humoristas lastimosos… También lo suyo tiene algo de consenso, de dar a todos un poquito.

Pero la película, un poco larga, tiene algunas ráfagas de carcajada. El debate electoral televisivo es la cumbre. Cuando aparece la representante del PSOE y es un señor con toda la nuez, o cuando habla de los moros… Hay algo divertido en darse cuenta de que uno desea que siga hablando así, que sea más recargadamente Torrente; que la película fuera más eso. Sus discursos metido a político son unos monólogos descacharrantes.

Es hilarante cuando Torrente habla de moros, del negro, de la transexual o cuando responde al feminismo con el chiste de las cinco muñecas. No es que eso, ‘inadmisible’, se tolere o pase con humor, es que el humor sale de ahí, nace de eso.

Luego hay una gran parte de la película que es una sátira demasiado evidente, como de José Mota en Nochebuena, con un coro de personajes oligofrénicos (oligofrénicos y algún catalán, dicho sea con respeto) que no hacen ninguna gracia aunque sean entrañables. Como criaturas de bar típicamente español, sirven para caracterizarlo como un lugar fantástico.

La españolidad franquista de Torrente es eterna. No resulta cansina como la de los auténticos Torrentes (nostálgicos coléricos y del Atlético de Madrid). El mejor ‘facha’ es siempre el que se escapa por el hedonismo… El vividor. Él no es virtuoso (nada), y se proyecta con autoparodia (en ese sentido, Torrente es trumpiano).

Sí. Confieso. He sentido ante los speeches supuestamente en broma de Torrente que algo (algo) de eso me resultaba… liberador y, no solo, también verosímil, con posibilidades populistas reales (yo sería como uno de esos señores de Nox, la parodia, que ven potencial político en él). ¿Cómo se puede hablar del PSOE en unos términos que no sean hiperbólicos? Torrente es mejor que el antisanchismo.

Además de Torrente, otra gracia de la peli son los cameos. Es como pasar el rato reconociendo a Hitchcock. Podría ser un concurso sobre el grado de conocimiento de España: ¿cuántos personajes fuiste capaz de reconocer en Torrente?

La pandilla de Gabino Diego, Barragán, Cañita Brava e incluso el Dandy de Barcelona no tienen gracia pero crean esa galería carpetovetónica de «hombres de placer», seres no normativos de una corte española que sobreviviera en ese bar donde Torrente debe seis mil pesetas de whisky.

Esa corte de enanos, bufones y seres velazqueños son una legitimidad barroca que rodea a Torrente como imanes de españolidad.

Luego están los cameos campofrío, en los que casi se adivina una función. En la película, el PSOE recibe bastante, sobre todo Pedro Sánchez (y aquí Segura tiene mérito), también los de Restar/Sumar y Echenique (sin piedad) y aparece Vox/Nox, aunque proyectando en ellos el cayetanismo pepero y ciertas cosillas como de haber leído El País, pero el PP, o Papé, ¿qué supone en la película? Nada. Santiago Segura olvida al PP. Torrente pasa del PP, que escapa del humor y de los dardos y más bien queda representado en los muchos cameos de personajes mediáticos. El PP está ahí: en Herrera, en Motos… En este sentido, rebajan y entristecen el universo torrentiano con su realidad, su seriedad y su antihumor… Son como dispositivos peperos de realidad no imaginativa que interrumpen  y controlan el flujo torrentiano.

Hay cameos de todo signo, de amplio espectro, porque la película da a todos un poco, incluso a los del otro partido, los conspiranoicos, que reciben un regalo en el cameo de Kevin Spacey y José Luis Moreno. El empresario y ventrílocuo ocupa el lugar más alto, el de los personajes que se ríen de sí mismos: Willy Bárcenas, Jesulín o Kiko Rivera, incluso Jordi Évole.

Hay otros personajes en homenaje a lo mejor del espectáculo patrio: Esteso, q. e. p. d., la hija de Pajares, Paco, el hijo de Arévalo, con su chiste de gangosos… Son declaraciones del autor, velas a un panteón de la comedia española. Volverlos a ver es un motivo más para esperar la siguiente de Torrente.


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