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El estado de la microbiota

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22.02.2026

Tras los archivos de Epstein estaría, nos dicen, lo demoníaco de nuestras élites. Lo demoníaco nunca está en las élites rusas ni chinas y tampoco, por no sé qué zigzag luciferino, en las élites de aquí, por ejemplo en los CEOs del mundo mediático y editorial. Satán, por lo que sea, no está ni en lo muy lejano ni en lo muy cercano.

Los archivos de Epstein, si se fijan, son insondables. Nunca estarán del todo desclasificados, nunca se conocerán de manera completa, serán siempre un agujero oscuro abierto a la conspiración. Y como nadie va a leerse los millones de emails, ni siquiera unos cuantos miles de emails, nos vamos a ir arreglando con lo que digan los tuits, siempre escandalosísimos, siempre con círculos satánicos, devoración de bebés, canibalismo…

Es habitual ver que sobre esos tuits alguien pregunta: @grok is that true?  Es esto verdad, grok, inteligencia artificial en X/Twitter que hace las veces de verificador; y pocas veces, si es que alguna vez sucede, lo que cuenta el tuit es cierto. Lo curioso es que hay gente que se irrita no con el autor del tuit sino con quien hace la pregunta, hasta el punto de crear memes específicos como el oligofrénico meme brainlet. Dudar se ve sospechoso.

En los últimos días, encontré de casualidad (aunque no hay azar, solo algoritmo) otros dos ejemplos curiosos del estado del online.

En un vídeo, Pedro Varela, conocido por la librería Europa, decía unas palabras en una comida, un encomio del imperio español y su legado que fue considerado por algunos usuarios como ejemplo de hispanchismo y, por tanto, así sin más, de actitud boomer conducente al reemplazo étnico del español. El que decía las palabras era un hombre, ya entrado en años, condenado por publicar a Hitler. No parecía una persona, cómo decirlo… indiferente a lo étnico, pero su trayectoria, en lo suyo desde luego significada, de repente no valía nada: Pedro Varela era un hispanchista reemplacista.

También en X topé con un largo mensaje de un francés criticando a Dominique Venner, el escritor que advirtió hace décadas sobre la sustitución poblacional en Europa y que, no contento con su obra política e intelectual, en 2013 se quitó la vida de un tiro en la Catedral de Notre Dame dejando el siguiente mensaje: «Me doy muerte con el fin de despertar las conciencias adormecidas (…) Al tiempo que defiendo la identidad de todos los pueblos en su propia patria, me sublevo también contra el crimen encaminado a reemplazar nuestras poblaciones». Y procedió a pegarse un tiro abriendo overton a la japonesa.

En términos de basadez, no conozco personalmente caso mayor, y sin embargo, lo consideraban decepcionante y superado porque hablaba poco de los judíos. Venner de repente era sospechoso de tibieza sionista.

Las espirales de las redes sociales toman formas de LSD. Puede afectar a la salud mental. Sin embargo, Internet es necesario, no hay otra cosa. LA UE quiere crear un muro de Berlín digital que separe la Europa buena de la mala y trumpista, y frente a eso, lo mejor es la permisividad, pero no la pasividad ni el abandono. Es el Salvaje Oeste, pero también el Far West se puede degradar deliberadamente. Igual que el organismo depende de la flora intestinal, el equilibrio de la microbiota que es internet (con sus virus, sus bacterias y sus unicelulares) puede afectar a la salud general.


© La Gaceta