Pisar calle

El escritor valenciano Fernando Vizcaíno Casas contaba en sus memorias cómo fue sometido a un «agobiante cerco de incomprensiones, recelos, aborrecimientos y desprecios, por parte de muchos adalides de las libertades». Ocurrió en los años posteriores a la Transición. Lo que empezó como hostigamiento acabó en aquello que Mercedes Salisachs denominó «la censura por omisión o la conjura de los silencios». Poco a poco, se le fueron retirando los foros públicos y los espacios de opinión. En defensa de las «libertades democráticas» se silenciaba su obra novelística —dedicada a la evocación de los años del franquismo e inmediatamente posteriores— y su visión, más costumbrista que política. Por supuesto, Vizcaíno Casas ha quedado para la posteridad como un autor «facha». Fue tildado de «retrógrado, carca, reaccionario, oscurantista, fascista y franquista». Ni que decir tiene que escribió siempre con rigurosidad y fidelidad a sus vivencias y con «absoluto respeto a la legalidad constitucional».

Antes de que Vizcaíno comenzara a ser paulatinamente condenado al ostracismo por instituciones y prensa vendió millones........

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