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Nada que celebrar

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12.05.2026

El quilombo del hantavirus ha deslucido las celebraciones del Día de Europa. Este año, echando sal en la herida, la efeméride es doble. Conmemoramos, como cada 9 de mayo, la Declaración Schuman de 1950, que condujo a la creación de la CECA y, además, el 40.º aniversario de la adhesión de España y Portugal a la entonces CEE. En prensa, los fastos han quedado reducidos a alguna tribuna-publirreportaje aquí o a un lisérgico artículo de opinión allá. La nueva crisis-espectáculo sanitaria ha obligado a las portadas informativas a arrinconar también la última jornada del «caso mascarillas» y la muerte de dos guardias civiles en Huelva en una operación contra el narco.

Respecto al Día de Europa, algunas cabeceras pretenden que sigamos comulgando con ruedas de molino. La idea de una Unión Europea como fuerza de progreso y garante de la democracia liberal se repite con el entusiasmo de la primera vez, sin importar la tozuda realidad. Así, la cesión de competencias se vende como una ampliación de la capacidad estratégica, o la de soberanía como una integración en la «gobernanza» supranacional. La prueba de que el mensaje cala es que una gran mayoría de españoles todavía piensa aquello de «esto no lo permitirá Europa —¡viva Europa!—» ante, qué sé yo, la bolivarización de nuestro país o la alteración del censo electoral por la vía de las nacionalizaciones y regularizaciones masivas. Y cuando algo sale mal, cuando a «Europa» le importa un ardite la unidad de España o su........

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