Una insaciable sed de sangre |
Los fachas —no sé si me lo han leído alguna vez— siempre tenemos razón. Desde hace décadas. Cuando el estamento progre da un nuevo paso, decimos lo que va a pasar. La respuesta es siempre un ademán desdeñoso, llamarnos conspiranoicos y alarmistas, ignorarnos por completo. Pasa el tiempo y lo que dijimos que iba a pasar, pasa. Invariablemente.
Y entonces sucede algo curiosísimo. Se supone que estamos en tiempo en que la Ciencia, siempre con mayúsculas, es universalmente adorada en sustitución del Dios al que renunciaron explícitamente. Pero el valor de una teoría científica no se mide por estar «avalada por pares» o respaldada por la oficialidad, sino por su valor predictivo. Y, sin embargo, en lo que concierne a las medidas sociales, acertar no sirve de nada, no da puntos, ni equivocarse paga prenda.
Cuando al final el desastre se hace imposible de ocultar, los bustos parlantes del sistema lo deploran pero como algo que nadie vio venir, el célebre «no se podía saber» que sabíamos y dijimos muchos. Y los fachas seguimos siendo conspiranoicos y........