Un agujero en el muro
El crimen, y muy especialmente el crimen violento, es sensacional porque es excepcional. No creo que haya existido nunca, ni podría existir, una sociedad donde una mayoría de la población cometiera delitos de forma habitual o esporádica. De hecho, los que saben de esto calculan que un porcentaje muy reducido de la población, inferior al 10%, es responsable de la abrumadora mayoría de la delincuencia. En eso consiste básicamente el «truco» de Bukele en El Salvador, en retirar en masa de la circulación a esos habituales del crimen.
Pero el efecto que tiene en el común la violencia callejera, por excepcional que todavía resulte, es desproporcionado. No hace falta que a uno le asalten a diario para que se extienda una desagradable sensación de vulnerabilidad, de miedo de baja intensidad, que arruina un sencillo trayecto a pie. Por eso, aunque la izquierda esté curiosamente empecinada en ignorarlo, el común es siempre partidario de las políticas duras contra los delincuentes, más cuanto menos puede pagarse las condiciones que aseguren su seguridad personal.
Eso hace que la participación desproporcionada de........
