La guerra contra el darse cuenta |
Temo por mi columna, porque me he contagiado de un caso grave de cinismo terminal, de escepticismo nacional. Al principio lo achaqué al cambio de estación. No sé a ustedes, a mí los cambios de estación me sientan fatal. Así que traté de tranquilizarme diciendo que aquello era cosa de unos días, algo pasajero, como la alergia. En nada estaría otra vez entrando a matar con las elecciones de aquí o allá.
Pero va a ser que no, porque llevo así cosa de una década, y no se me pasa.
Lo que hace irrecuperable a nuestra civilización no son sus pésimas ideas, sino algo previo a cualquier ideología: las premisas.
Si te convencen, digamos, de que los incentivos no existen, ya da un poco igual que seas de izquierdas o de derechas. Si discriminar —es decir, seleccionar, distinguir— es siempre malo, de perdidos al río. Si los estereotipos nunca responden a la realidad, podemos tirar por la borda miles de años de conocimiento acumulado y empezar de cero.
Empezar de cero con un manual del que no........