La corona de San Esteban |
La persecución del ridículo contra los del gorrito de papel de plata va a menos. Demasiadas conspiraciones más o menos disparatadas se han cumplido en los últimos años como para que den ganas de ponerse muy exquisitos con las explicaciones complotistas.
Esta nueva cautela, este pensárselo dos veces antes de denunciar a nadie como conspiranoico, es para mí, un rendido partidario de las conspiraciones, un verdadero alivio. Nunca he entendido qué problema podría haber en creer que los poderosos puedan ponerse de acuerdo sin contarlo a los cuatro vientos, y años de ocuparme de la información internacional, donde los líderes no dicen la verdad ni por casualidad, me han convencido de que en los pasillos del poder la conjura es la regla, no la excepción.
Pero mi interés por las conspiraciones es fundamentalmente narrativo, no lógico. Aborrezco esas conjuras de hombres poderosos unidos por intereses tan infantiles y aburridos como es la riqueza, ya sea mediante el control de un territorio o el acceso a unos recursos. Montar algo tan excitante como una conjura con motivaciones tan pedestres debería estar prohibido.
Para que me interesen, las........