La chiquillada de Zapatero

A cualquier niño del mundo, leyendo con una linterna bajo las mantas o escondido en el desván, le hubiera decepcionado que el tesoro de La Isla del Tesoro consistiera en fajos de billetes, no digamos certificados de acciones de Indra.

La palabra tesoro parece exigir no solo que sea rico, sino estético, diverso, brillante. Algo, en fin, que solo pertenece a los cuentos y con lo que la realidad se muestra tan cruel que llama «bonos del Tesoro» a unos instrumentos financieros aburridísimos.

En esa realidad incluyo la zafiedad en la corrupción, que se les llame «chistorras» a los billetes de quinientos euros o que los servidores públicos comprometan su probidad por colocar a una pilingui llamada Jenny o Yenni, que tanto da.

Por eso debo decir que me ha animado considerablemente que en el registro a las cosas de Zapatero hayan salido joyas como de la Gran Duquesa Anastasia Fyodorovna. No sé, no pega, y le da cierto aire de rescate prerrevolucionario, de collares librados de las sucias garras bolcheviques en la caja de seguridad de un banco suizo, para cuando vuelvan los buenos tiempos.

Y esa puede........

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