Europa en un viernes de Cuaresma
Un viernes de Cuaresma, frío y lluvioso, gris, es un día perfecto para meditar sobre lo que nos ha traído aquí, a esta situación, a estos momentos, a esta cesura inminente. Porque aunque en lo que sería luego Occidente no lo sabía nadie aún, Occidente nació en Viernes, y ni siquiera lo hizo en Occidente. Quiero pensar que fue un día como hoy, plomizo, frío.
Nadie se dio cuenta de nada en nuestras tierras, ni aún el legionario de la lanza que vio a Dios, a un dios tan distinto de su Júpiter tonante y dorado, en ese reo exangüe fijado a un madero, tan lejos, ay, de Roma. Ningún filósofo itinerante en Grecia hizo una pausa en su perorata incansable, ningún senador en la Urbe detuvo en un minuto de silencio su discurso institucional de acueductos y calzadas.
Pero entonces pasaron muchas cosas,........
