El defensor de la multiculturalidad |
Salvo por el hecho de que ya está en el Cielo y todo esto le trae al pairo (se sabe el final), me pregunto cómo reaccionaría Tomás Moro a lo que acaba de decidir Carlos III de Inglaterra. Lo suyo, muy propio del personaje, sería una carcajada, seguida de preguntarse si realmente valió la pena que la realeza inglesa le separara la cabeza del cuerpo para acabar así.
Hace no tanto, tras la muerte de su longeva madre, Carlos juró en una elaborada ceremonia que hizo las delicias de las lectoras del ¡Hola! defender la fe como cabeza de la Iglesia de Inglaterra. Pero ahora sostiene que su misión consiste en proteger «la fe en una sociedad multiconfesional». Vamos, que también quiere ser Comendador de los Creyentes. Es como si el árbitro descubriera en el minuto setenta que el fuera de juego le parece una norma anticuada y decidiera dejar de aplicarla.
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