El cañón francés

Ya cuando oigo el tapabocas de “facha” lanzado contra la más tímida expresión de alegría por ser español, con toda la carga asociada, no pienso que sea una estupidez; ni siquiera me detengo a pensar que es el más bajo y perezoso de los trucos para detener en seco cualquier argumento. Me apena el daltonismo que refleja, la chata bidimensionalidad óptica, el escenario viejuno, desvanecido, en el que cree vivir quien lo pronuncia.

Porque el soberanismo que despunta es menos y menos político, menos y menos ideológico cada día. Es metapolítico, por ponernos pedantes. No es el de un tipo que reivindica el Rosellón y la Cerdaña, sino el anhelo reprimido de quien quiere tranquila, serena, gozosamente, sin discusiones, celebrar que tiene patria y raíces.

El común puede agitar banderas y cantar himnos llegado el momento, pero no es lo suyo, no es lo que le tira. Por eso es tan idiota lo de “facha”. No, la mayoría no son fachas, ni de lejos, aunque se les puede empujar a aceptar........

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