El acuerdo marco
Es agotador debatir los problemas de nuestro siglo con las etiquetas de centurias pasadas, un homenaje al poder de la inercia de masas. Ya puestos a seguir usando adscripciones que apenas tienen sentido, que solo por asociación rutinaria identifican, me parece mil veces más elegante definirse como hace mi amigo Enrique García-Máiquez con el fantástico título de güelfo blanco, que al menos obliga al lector interesado a desempolvar el manual de Historia.
Diría, incluso, que aun hoy el güelfismo blanco tiene más sentido en su equilibrio centrista entre lo humano y lo divino que los términos derecha e izquierda, llenos de ruido y furia pero que nada significan.
Con la llegada de las autonómicas en rápida sucesión y el hedor a cadáver político que desprende la Moncloa resurge con fuerza la cansina llamada, tan de mi quinta, a la «unión de la derecha», con esa conmovedora fe en las........
