Diversidad

Como ese comediante que al final reconocía que él fingía los goles cuando estaba con los colegas, porque en el fondo de su corazón le dejaban frío las idas y venidas del balón sobre el césped del estadio, yo me veo obligado a confesar algo que parece darse de bofetadas con tanto de lo que he escrito a lo largo de años: amo la diversidad.

No es broma, me encanta la variación de los pueblos y las razas, las tribus, las civilizaciones y las culturas. No he encontrado aún sociedad o etnia en la que no haya encontrado algo que me interese, intrigue o atraiga. Bendigo diaria e interiormente la multiplicidad de colores, de idiomas y de formas de organizarse de los seres humanos bajo el cielo.

Y si el discurso dominante fuera otro, si la palabra «diversidad» no hubiera acabado secuestrada por el pensamiento único, sería capaz de cantar incontables odas al concepto. Desgraciadamente, las palabras a menudo........

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