Demencia senil |
Pasar el fin de semana con una persona con demencia senil ofrece una perspectiva curiosa. Seguir el avance de la enfermedad a lo largo de meses es asistir con angustia a un robo lento, como si alguien entrara en nuestra casa cada día sin ser visto para llevarse un mueble, un objeto, en un proceso lento pero imparable hasta dejarnos entre cuatro paredes desnudas.
Primero se pierden los detalles, luego los nombres, luego los rostros. Al final, a fuerza de ir desaprendiendo quiénes son los otros, uno acaba olvidando quién es él mismo. La pérdida de la memoria es el derrumbe de la identidad. Las cosas dejan de tener continuidad, y lo que era una vida se convierte en una sucesión de momentos inconexos, una especie de presente perpetuo, desordenado, en el que cualquier cosa puede ocupar el lugar de lo que ya no está.
El historiador Fernando Paz dice a menudo que el pasado no es parte de lo que somos: es lo que somos, no hay otra cosa. No es que los........