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Defensa del anglicismo

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20.02.2026

Tras casi cuarenta años al frente de los destinos de Portugal, el dictador António de Oliveira Salazar sufrió en 1968 un accidente y quedó incapacitado para gobernar, de modo que el presidente de la República, Américo Tomás, nombró al profesor Marcelo Caetano como jefe del gobierno. Pero nadie se atrevió a informar al dictador de este relevo, así que Salazar pasó los dos últimos años de su vida convencido de gobernar un Portugal imaginario, disponiendo, consultando, decretando y despachando en un escenario de comedia.

El de los últimos años de Salazar es un caso extremo, un Goodbye, Lenin! a la portuguesa. Pero sospecho que algo parecido, en menor grado, menos paródico, sucede con muchos gobiernos, quizá la mayoría, que como el nuestro parecen legislar sobre un país imaginado en el que, como el Yahvé del Génesis, llaman seres a la existencia con su mera palabra.

También sucede con instituciones menores, y una reciente colaboración de Javier Carrasco en la sección Ideas de LA GACETA me ha hecho........

© La Gaceta