¿Tiene un minuto para hablar sobre la palabra de la avena? |
Yo estaba tranquilo. Desayunaba pandebono, buñuelo, arepa, queso. Lo de siempre. Comida reconfortante y eficiente.
Cuando de repente tocaron a mi puerta. Dos golpes secos. Persistentes. Abrí. Era un joven barbado con una túnica blanca y una gorra de piloto. Sonreía con una serenidad sospechosa, como quien ya no discute porque ya vio la luz. “¿Tiene un minuto para hablar de la avena?”, dijo. Yo quise cerrar, pero el tipo igual entró. “Mi Brodda, yo antes era como usted. Bueno, no tan gordo”, continuó. “Pero sí vivía esclavo del buñuelo, de lo mundano. Pero un día dejé entrar la avena remojada a mi corazón”. Intenté defenderme con un tamal, le lancé dos chicharrones. Fue inútil. Me habló de fibra como quien habla de la salvación. Miró mi........