Rosa Luxemburgo. «Una pasión avasalladora que todo lo arrollaba» |
La figura de Rosa Luxemburgo se eleva por encima del tiempo y nos traslada un mensaje vibrante e imperecedero. La marxista intransigente que desafió a la socialdemocracia alemana en su viraje al oportunismo y el patrioterismo, que levantó la bandera del internacionalismo proletario y fue encarcelada por oponerse tenazmente a la carnicería imperialista, jamás cedió a las presiones de sus adversarios.
Su vil asesinato y el de su camarada Karl Liebknecht, ordenado por el ministro socialdemócrata Gustav Noske y ejecutado por militares ultraderechistas y monárquicos en un momento decisivo del proceso revolucionario en Alemania, no fue una improvisación. La burguesía y sus lacayos sabían muy bien lo que perseguían con este crimen: privar al movimiento comunista alemán y de todo el mundo de dos de sus cabezas más sólidas, competentes y audaces.
A pesar del tiempo transcurrido desde entonces y considerando las enormes transformaciones que el mundo ha experimentado, las ideas de Rosa Luxemburgo siguen iluminando el camino de la liberación socialista y aportando respuestas rigurosas y científicas a los problemas con los que se enfrenta actualmente la táctica y la estrategia revolucionaria.
Bajo la bandera de la rebelión
Rosa Luxemburgo, fundadora de la socialdemocracia revolucionaria polaca, del ala izquierda del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), de la Liga Espartaquista y el Partido Comunista de Alemania (KPD), es una referencia esencial del marxismo no tergiversado, no envilecido. Su incansable militancia y su perseverancia en el estudio del socialismo científico la convirtieron en una brillante oradora y una teórica de altura. Su producción abarcó múltiples campos: táctica política, propaganda revolucionaria, cuestión nacional, economía política, reformismo y guerra imperialista… Basta señalar la importancia que para la educación de generaciones de luchadores han tenido Reforma o revolución y Huelga de masas, partido y sindicatos.
Rosa Luxemburgo, es una referencia esencial del marxismo no tergiversado, no envilecido.
El carácter de Rosa se templó en circunstancias difíciles, a contracorriente. En su temprana juventud se enfrentó a los polizontes rusos cuando se iniciaba en la lucha clandestina. Ya como marxista militante plantó cara a los jefes chovinistas de la socialdemocracia polaca oficial, y no dudó en desenmascarar el oportunismo de los jerifaltes del SPD y la Segunda Internacional. Se situó en primera línea contra el socialpatriotismo y la guerra imperialista, pagando con un encarcelamiento prolongado. Nunca faltó a sus principios internacionalistas, proclamando junto a su camarada Liebknecht que el enemigo principal no eran los trabajadores rusos o franceses que morían en las trincheras como sus hermanos alemanes, que el enemigo principal «estaba en casa», en los estados mayores, en el Gobierno, en la Corona, en los consejos de los grandes bancos y los monopolios armamentísticos que se hacían de oro a costa de la sangre obrera.
Rosa siempre encontraba la manera más eficaz de encolerizar a los servidores del capitalismo y a todos los que hacían gala de una moral podrida para encubrir o justificar la opresión.
Ella también fue víctima del machismo decimonónico que imperaba en las alturas del movimiento socialista alemán e internacional. Como otras mujeres de la talla de Clara Zetkin, Nadezhda Krúpskaia o Alexandra Kollontái, su ardiente compromiso por la emancipación de la mujer trabajadora la situó como una pionera del feminismo de clase, socialista y revolucionario.
Rosa Luxemburgo demostró que en su actividad no existía disociación alguna entre la teoría y la práctica: su participación directa en la revolución rusa de 1905, en la alemana de 1918 y en el levantamiento obrero berlinés de enero de 1919 le permitió sacar valiosas conclusiones sobre la táctica y las tareas del partido revolucionario.
Aprendía del movimiento vivo de la lucha de clases y ponía su sello vital y original en todo lo que hizo y escribió, mostrando su desprecio por la comodidad de la vida burguesa y pequeñoburguesa. Ya fuera con la pluma o en la tribuna, en la clandestinidad o en prisión, se convirtió, por méritos propios, en una de las grandes guías del socialismo revolucionario junto a Marx, Engels, Lenin y Trotsky.
Reforma o revolución
Rosa Luxemburgo desempeñó la mayor parte de su acción en un marco histórico desfavorable a las ideas del marxismo: el del crecimiento del imperialismo mundial y el avance del oportunismo en las filas del movimiento socialdemócrata europeo.
Rosa Luxemburgo demostró que en su actividad no existía disociación alguna entre la teoría y la práctica: su participación directa en distintas revoluciones le permitió sacar valiosas conclusiones sobre la táctica y las tareas del partido revolucionario.
Las décadas de 1870 y 1880 se caracterizaron por una fuerte reacción política en Europa. La derrota de la Comuna de París y la disolución de la Primera Internacional quebraron la capacidad de resistencia obrera, prepararon un período de auge económico sin precedentes e infundieron una enorme confianza a la clase dominante. Tuvieron que pasar años para que las heridas de las derrotas fueran cicatrizando, y que la expansión del capitalismo ampliara la fuerza de los trabajadores y las posibilidades para su cohesión y organización.
La fundación oficial de la Segunda Internacional en 1889 marcó un cambio fundamental en ese proceso de recomposición que, en las dos décadas siguientes, fraguó en la creación de potentes partidos obreros y sindicatos de masas en la mayoría de los países del viejo continente. Al menos de palabra, la Internacional siguió defendiendo los principios del marxismo.
De todas las organizaciones socialistas de la época, la socialdemocracia alemana era la que contaba con más influencia social y política, gracias al desarrollo industrial del país, pero sobre todo a su oposición a la legislación represiva del Estado bismarckiano y a la defensa de los derechos de la clase obrera.
Sin embargo, el período en que la Segunda Internacional y el SPD adquirieron su fisonomía como organizaciones de masas coincidió con un largo auge capitalista. Gracias a la explotación de las colonias y a la enorme plusvalía obtenida en el mercado mundial, las burguesías de las grandes potencias pudieron realizar ciertas «reformas» políticas (parlamentarismo, sufragio universal…) y otorgar concesiones materiales al sector más cualificado de los trabajadores, la llamada aristocracia obrera.
Los éxitos........