¿Qué vamos a hacer con la educación?
Desde tiempo inmemorial hemos dispuesto de una escuela que se ha ocupado de divulgar los contenidos, ya fuera en libros, enciclopedias etc. Una visión prefabricada de lo que hay que aprender, saber y memorizar; creando dogmatismos impuestos. Pero después de tantos años de votar -la democracia es otra cosa además de eso- nos olvidamos de promover nuevos valores: la sensibilización de la conciencia del ser humano, la práctica de competencias sociales y comunicativas, el aprecio y el respeto por la naturaleza, educación emocional, educación ética, educación para la democracia, trabajos de manualidades.
1º Educación emocional: los niños aprenden a reconocer los sentimientos, a tomarlos en consideración, a no avergonzarse de hablar de ellos. Está demostrado que la comunicación no violenta en una cantidad ingente de conflictos interpersonales no se resuelve porque no se consigue hablar sobres sus sentimientos y necesidades, porque nunca han aprendido a hacerlo. En lugar de eso, se dedican a lanzar reproches contra aquellos que no han satisfecho sus necesidades y les han hecho daño. Así se alejan de sus propios sentimientos y necesidades, que era de lo que se trataba y encima dañan a la otra persona. Va formándose una espiral dañina interminable, mientras el origen del problema permanece oculto, sin ninguna opción de que se resuelva.
2º Educación ética: se enseñarán los distintos valores y a dialogar sobre ellos para formar una inteligencia crítica. Por ejemplo: los niños aprenden que se puede competir y los efectos que la competencia tiene, pero también que pueden cooperar y el impacto que tiene. También hay que aprender las distintas corrientes filosóficas y religiosas en una visón general. Así aprenderán que la historia confirma que el capitalismo actual, junto con el poder mediático que controlan, se ha convertido en la única religión en todo el mundo y que propaga valores como el egoísmo, el individualismo, la competencia, el consumismo y el materialismo.
3º Educación comunicacional: Aprender a escuchar y comprender con respeto y a responder sin atacar, sin menospreciar ni desvalorizar al otro. Porque se saben distintos pero ni superiores ni inferiores. Prestar atención, discutir objetivamente sin ofensas personales o valoraciones puede parecer algo banal pero estamos a años luz de una cultura de valores que sepa mantener una discusión abierta y sin ofensas. Hemos visto muchas veces que los llamados “líderes de opinión” se atacan entre sí perdiendo los papeles. Los niños aprenden, a su vez, que gracias a la socialización no hay diferencia entre hombres y mujeres y así poder corregir los roles establecidos. También que los malentendidos son regla general y que se necesita algo de esfuerzo para alcanzar una mutua comprensión.
4º Educación para la democracia: La democracia es el concepto occidental más valioso. Este valor se mantiene vivo participando, asumiendo responsabilidades, decidiendo y codiseñando aspectos de la vida pública. La democracia se ha enseñado como un derecho histórico y garantizado y no como un frágil y vulnerable progreso que en cualquier momento se puede volver a perder. Y puede perderse porque la mayoría de personas, sobre todo jóvenes, no encuentran posibilidad de participar, no se involucran, se apartan de la “polis” y del “ágora” mostrando repulsa y frustración, porque se les han impuesto otros objetivos vitales: consumo, diversión, drogas… a través de una industria mediática enemiga de la democracia y asesina del espíritu. Qué enseñar?
Cómo unos intereses se transforman en una norma.
Cómo se toman las decisiones para que con ellas todo el mundo pueda vivir dignamente a través del consenso sistemático.
Que un trato respetuoso a las necesidades es la premisa básica para confeccionar una voluntad satisfactoria de la mayoría social.
Que se pide el compromiso de todos para evitar que se instalen intereses particulares.
Que no se puede adelgazar la responsabilidad democrática, solo la puesta en práctica.
Y que la democracia no viene de lejos, que acaba de empezar con ellos y que será según el grado de implicación que tengan en ella.
5º Educación sobre la naturaleza: Una economía que ha apostado por el perpetuo crecimiento del dinero, de los ingresos, del patrimonio y de los bienes materiales, está enferma en el sentido de que se ha roto el equilibrio de relaciones. La esencia de esta enfermedad es la falta de unión y la escasa capacidad de mantener relaciones consigo mismas que tienen muchas personas, con los demás, con su entorno. El objetivo podría consistir en retomar las relaciones, en cuidar y equilibrar aquello que es un camino seguro hacia la felicidad. Una relación intensiva y valiosa con el medio ambiente, los seres vivos, los ríos, las montañas y el cielo. Los niños aprenderán a conocer las plantas, los animales, el agua en sus distintas formas, las piedras… El impacto curativo de la naturaleza en el cuerpo y en el espíritu: el viento y la lluvia, las nubes y el agua, las estrellas y las flores, las montañas y el silencio. Porque para quien experimenta una unión profunda con la naturaleza, pierden atractivo los centros comerciales, la bolsa, la cuenta corriente y tal vez hasta los coches. Me atrevo a decir que un año de menor consumo material ofrezca un plus de calidad e intensidad de vida.
Nuestra generación fue manipulada ideológicamente por la dictadura franquista y por la imposición de una moral personal y colectiva clericalizada; nos libramos de ellas en un gran esfuerzo colectivo de reivindicación y de compromiso: fuimos el sujeto agente del cambio. Pero la “fábrica de cerebros” de hoy en día sigue con las mismas premisas, algo atenuadas, es cierto, pero con enormes déficits, a pesar del voluntarismo de muchos enseñantes que ejercen heroicamente la docencia. Educar no es solo enseñar y comprender, es tratar al docente como una persona con sus valores integrales individuales y colectivos.
Prudenci Vidal Marcos
Exprofesor de Filosofía
