No es neofeudalismo, es hipercapitalismo
Los gigantes tecnológicos que ocupan las cimas de la economía moderna no han inventado un nuevo modo de producción: son, sencillamente, capitalistas explotadores en el sentido clásico.
Uno de los dogmas más persistentes de la izquierda es la idea de que la inversión productiva está dando paso a la especulación improductiva, lo que conduce al «vaciado» de la economía industrial y al declive del capitalismo. Al fin y al cabo, parece obvio que los capitalistas prefieren ganar dinero rápido antes que emprender el arduo y arriesgado proceso de producir realmente algo. El neofeudalismo está en boga.
Estos argumentos se han centrado típicamente en el supuesto papel parasitario de las finanzas y el «capital ficticio».
Más recientemente, sin embargo, se han ampliado para describir un «capitalismo rentista» emergente, en el que la extracción de renta a través del poder monopolístico y el control sobre el Estado ha desplazado a la producción como el medio principal a través del cual los capitalistas acumulan riqueza. En realidad, la distopía que se está desarrollando a nuestro alrededor no es el resultado del colapso de la lógica del capitalismo, sino la expresión directa de esa lógica.
En un artículo reciente en Sidecar, por ejemplo, Dylan Riley reitera el importante punto que a menudo se asocia con su coautor, Robert Brenner, de que la «dependencia generalizada del mercado» es el fundamento básico del capitalismo. Es decir, la característica definitoria del capitalismo es que se trata de un sistema en el que tanto la clase dominante como las masas trabajadoras dependen del mercado para su bienestar. Entre otras cosas, esto tiene implicaciones fundamentales para cómo entendemos la transición al capitalismo, resumida brevemente por Riley en el artículo. Nos lleva a centrarnos en las relaciones de producción dentro de las sociedades, en lugar de solo en sus conexiones comerciales externas con un «sistema mundial», a la hora de determinar la naturaleza de su modo de producción.
Riley insiste en que la crítica de izquierda no debe dirigirse a capitalistas concretos y sus historias específicas de violencia, sino a la lógica del capitalismo. Sin embargo, su afirmación posterior de que los capitalistas acumulan hoy en día cada vez más riqueza a través de la búsqueda de rentas, la extracción política y el saqueo, en lugar de la «inversión productiva», es........
