El capitalismo ha demostrado una enorme capacidad para convertir problemas colectivos en responsabilidades individuales

Hay algo inquietante en la forma en que vivimos actualmente: nos hemos acostumbrado a estar mal

No necesariamente mal de una manera dramática. No hablamos de grandes tragedias ni de crisis excepcionales. Hablamos de algo más cotidiano. Del cansancio constante. De la sensación de no llegar a todo. De la ansiedad que acompaña muchas jornadas. De las dificultades para desconectar. De la culpa que aparece cuando descansamos. Del sentimiento persistente de que siempre deberíamos estar haciendo algo más.

Son experiencias tan frecuentes que han dejado de sorprendernos.

Y quizá ahí reside el problema.

Porque cuando una situación se vuelve habitual tendemos a verla como normal. Dejamos de preguntarnos por qué ocurre. Dejamos de cuestionarla. Terminamos adaptándonos a ella.

Sin embargo, que algo sea frecuente no significa que sea natural.

A lo largo de la historia, muchas formas de sufrimiento se han normalizado simplemente porque afectaban a mucha gente. La costumbre tiene una enorme capacidad para volver invisibles situaciones que, observadas desde otra perspectiva, resultarían difíciles de aceptar.

Algo parecido ocurre hoy con determinadas formas de malestar........

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