Bolivia sitiada: el pueblo paga la crisis de un gobierno arrodillado

Antes de la segunda vuelta advertimos algo que hoy empieza a confirmarse con crudeza: gane quien gane, Bolivia podía ingresar a un ciclo de alineamiento externo con el eje Washington–Milei–FMI. No se trataba de una frase lanzada al viento ni de una exageración ideológica. Era una lectura política de la correlación de fuerzas: dos candidaturas de derecha, con diferencias de estilo, pero con una misma matriz de fondo. Una derecha dura y una derecha gerencial. Una con lenguaje de shock y otra con lenguaje de eficiencia. Pero ambas sin una respuesta real a la pregunta decisiva: ¿quién paga la crisis?

Hoy, con los bloqueos, marchas, represión, desabastecimiento y la exigencia de renuncia de Rodrigo Paz, esa pregunta vuelve con más fuerza. El pueblo empieza a sentir en la carne lo que antes aparecía como programa técnico: ajuste, apertura al capital externo, endeudamiento, presión minera-financiera y debilitamiento de la soberanía económica. En buen criollo: nos prometieron orden, pero el orden llegó con hambre; nos prometieron dólares, pero llegaron con correa corta; nos prometieron estabilidad, pero la estabilidad se está construyendo sobre la espalda de los trabajadores, campesinos, transportistas, maestros, gremiales y familias populares.

Esta crisis no puede reducirse a un problema de bloqueos. Esa es la mirada cómoda del poder y de los grandes medios. El bloqueo es la forma visible de una crisis más profunda: la ruptura entre el gobierno y los sectores que lo llevaron al poder. Paz llegó con votos populares, con el apoyo de sectores que no querían el retorno de la vieja derecha oligárquica, pero una vez en el gobierno empezó a gobernar con el libreto de quienes no ganaron en las calles ni en las urnas: los grupos financieros, las cámaras empresariales, los lobbies mineros, los intereses externos y el nuevo sentido común neoliberal que quiere convertir la crisis en oportunidad de saqueo.

Debemos decirlo con claridad: la actual movilización nacional no es simplemente una conspiración, ni un capricho, ni una manipulación automática. Es el resultado de un malestar social acumulado. Es la respuesta de una sociedad cansada de que cada crisis se resuelva ajustando a los mismos. Cuando suben los precios, paga el pueblo. Cuando falta combustible, paga el pueblo. Cuando se endeuda el Estado, paga el pueblo. Cuando se abre la economía a los grandes intereses, ganan pocos y pierden muchos.

El gobierno intenta presentar la protesta como amenaza a la democracia. Pero aquí aparece una contradicción central: ¿qué democracia se........

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