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Trabajadores ¿o colaboradores? del mundo: ¡uníos!

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27.07.2026

En 1848, como frase final del Manifiesto Comunista, dos jóvenes intelectuales alemanes decían: “Trabajadores del mundo: ¡uníos!” El llamado, vehementemente impetuoso, buscaba la organización de toda aquella persona que trabaje –es decir: que por medio de su esfuerzo, modifique el entorno natural en función de un proyecto humano– para, en una acción revolucionaria, cambiar el opresor sistema capitalista marchando al socialismo, puerta de entrada a una futura sociedad sin clases sociales: el comunismo.

Uno de esos jóvenes decimonónicos, devenido un agudo pensador crítico que revolucionaría la historia, hoy supuestamente “pasado de moda” y superado por “la realidad”, un tal Carlos Marx, en 1875, en su libro “Crítica del Programa de Gotha”, decía: “Como el trabajo es la fuente de toda riqueza, nadie en la sociedad puede adquirir riqueza que no sea producto del trabajo. Si, por tanto, no trabajó él mismo [el capitalista, sea empresario industrial, terrateniente o banquero], es que vive del trabajo ajeno y adquiere también su cultura a costa del trabajo de otros”.

En otros términos: la única manera de producir riqueza es trabajando (el obrero industrial, el ama de casa, el campesino, el artesano, el empleado de servicios, el intelectual, el artista, hasta podría decirse que también la trabajadora sexual). Quienes trabajan, no importando el producto final de sus acciones, ¡son trabajadores! Eso no se discute. Sucede que últimamente, con el triunfo del capital sobre la clase trabajadora a partir de las políticas neoliberales, se trata de maniatarnos diciéndonos “colaboradores”. Pero… quien trabaja para otro no colabora: ¡le ayuda (muy a su pesar) a amasar su fortuna!, que es otra cosa.

Sin dudas, como clase trabajadora, deberíamos unirnos todas y todos quienes trabajamos –en otros términos: quienes somos explotados– para combatir contra ese capital que nos sojuzga. Pero quienes detentan el poder nos toman la delantera, y en vez de unirnos, consiguen separarnos, mantenernos adormecidos, embobados con infinitos espejos de colores (ahí está el fútbol, por ejemplo), o reprimiéndonos sangrientamente cuando la protesta se eleva de tono. Azuzar nacionalismos ¿no es también una “elegante” manera de desunirnos?

A principios del siglo XIX en........

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