Construyendo comunidad, que es otra forma de decir: “poder popular” |
Reflexiones para compartir
En Guatemala, pequeño y olvidado país de Centroamérica que solo es noticia internacional cuando acontece una catástrofe (un desastre natural, un golpe de Estado, una connotada masacre), también hay profundos intereses por pensar críticamente el mundo, la sociedad, la forma en que vivimos. Pensar… y aportar propuestas superadoras, por supuesto.
La organización popular de extracción indígena campesina con un fuerte enfoque multicultural, la Asociación de Formación para el Desarrollo Integral -AFOPADI-, con la colaboración de la organización belga Broederlijk Delen (“Compartir fraternamente”, en neerlandés), se ha dado a la tarea, igual que mucha otra gente de distintas partes del planeta, de llevar a cabo esa reflexión. Según sus propias palabras “reflexionamos sobre el mundo prehispánico para retomar saberes, caminos, formas de ser y hacer comunidad. Luego nos internamos en el sistema mundo capitalista, eurocéntrico, patriarcal, genocida, ecocida, concluyendo que es un sistema que solo puede generar muerte, que está atentando con la supervivencia de la especie humana y que, por lo tanto, hay que estudiar para analizar y construir alternativas al capitalismo. Esta conclusión nos llevó a la reflexión sobre los distintos socialismos que en distintos momentos de la historia han surgido en diferentes sociedades y geografías de nuestro mundo”.
En otros términos, se pregunta sobre los caminos para avanzar hacia la construcción de comunidades que se rijan con principios éticos como justicia, equidad, horizontalidad, con apuestas políticas como el antiimperialismo, anticolonialismo, autonomía, libre determinación y con convicciones armónicas en la defensa del medio ambiente, buscando superar el individualismo e hiperconsumismo capitalistas. Sabiendo, claro está, que el actual no es un momento global de avance popular sino de resistencia ante el crecimiento de las derechas.
Es ahí, entonces, donde cobra un significado especial la pregunta sobre la comunidad. La misma no se concibe solo como una reunión de gente y un espacio geográfico sino en tanto la verdadera, quizá la única, manera de ir construyendo un poder no vertical, buscando nuevas formas de relacionamiento entre los seres humanos, donde el principio rector no sea el odioso “sálvese quien pueda” individualista sino la solidaridad de base, la confraternidad. Dicho de otro modo: ¿cómo se puede construir una democracia realmente participativa, un genuino poder popular de todas y todos? ¿Cómo se logra esa comunidad?
Pero ¿qué es exactamente el poder popular? Es el poder que emana del pueblo, pero no esa delegación simbólica, rancia, desabrida y podrida de la democracia representativa, donde cada cierto período se cumple con el rito de ir a las urnas para elegir a supuestos representantes de la voluntad popular. No, en absoluto. El poder popular es el ejercicio efectivo, a través de la organización y la participación real, de la amplia mayoría de un colectivo en la decisión de los asuntos básicos que le conciernen. El poder popular es más, infinitamente más que la atención de los problemas puntuales de una comunidad acotada, el alumbrado público o el adoquinado de un barrio, la resolución de un problema específico del transporte colectivo de un sector urbano, o la instalación del agua potable o la edificación de una escuela en una comunidad rural. El poder popular es la democracia real, directa, efectiva, participativa del pueblo soberano, no sólo para atender problemas prácticos puntuales sino para definir y controlar la implementación de políticas macro a nivel nacional, políticas públicas que tiendan, generen e incentiven la humanización de las sociedades, e incluso impulsar políticas a nivel internacional, haciendo al mismo tiempo de ejecutores y de contralores.
Para poder reflexionar sobre todo esto, con criterios claramente decoloniales y extrayendo conclusiones, AFOPADI pensó conocer de primera mano varias experiencias comunitarias, y a partir de allí, más bibliografía complementaria, iniciar un proceso de sistematización de la problemática. En ese sentido, a lo largo del segundo semestre de este año 2026, está tomando contacto con diversos colectivos en un diálogo franco y abierto. Participan allí seis comunidades: tres de Guatemala (comunidad Santa Anita, finca La Florida, Cooperativa Nuevo Horizonte) y tres de otros países (comunas de Venezuela, experiencia Zapatista, en Chiapas -México- y experiencia Marinaleda, en Sevilla -España-).
La idea central de la iniciativa es ver cómo poder construir una alternativa de poder popular distinto y superador de lo que ya existe. Es decir: ¿cómo darle forma a esa utopía de una nueva comunidad?
En el trabajo de sistematización de estas experiencias -de las que hoy se presentan las dos primeras: Santa Anita en Guatemala y movimiento comunal en Venezuela- surgen de inmediato dos dudas (quizá muchas más posteriormente):
¿Cómo construir comunidad y poder popular en medio de un mundo que va radicalmente en contra de eso?
¿Es posible el autogobierno a partir de la propia autosuficiencia financiera en este nuevo modelo de comunidad? Pregunta que se evidencia a partir de la misma experiencia de sistematización en curso: ¿podría la ONG local hacerla si no estuvieran los fondos de una organización de cooperación internacional?
Junto a estas preguntas puede decirse que hay otros interrogantes más; quizá muchos más. Plantearlos ahora es un modo de empezar a buscar respuestas a estos dilemas que convocan a todos aquellos que pensamos en un mundo de justicias y equidades, de democracia directa, como dijera un pensador decimonónico hoy día supuestamente superado: de “productores libres asociados”, donde regiría la máxima de “De cada quien según su capacidad, a cada quien según su necesidad”.
Comunidad Santa Anita, Guatemala
La Comunidad Santa Anita se encuentra ubicada la República de Guatemala, más específicamente en la boca-costa del Océano Pacífico, en el departamento de Quetzaltenango, municipio de Colomba Costa Cuca, a 48 kilómetros de la ciudad de Quetzaltenango y a 217 de la ciudad capital de Guatemala. Fue fundada por 35 familias de ex combatientes de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG, concretamente de la Organización del Pueblo en Armas -ORPA-, uno de los cuatro frentes que conformaron esa coalición), la mayoría de ellas de ascendencia maya-mam, provenientes del departamento de San Marcos.
Esta comunidad surge a partir de los procesos de reinserción civil del movimiento........