Israel busca consolidar el aliado para su oleada genocida |
Plan de tutelaje militar al Sansón que lo protege
Con la revolución copernicana estallada a fines de 2023 con la cual Israel y el sionismo decidió hacer un strip-tease mediático, político, psíquico y ético explicitando una política de asesinatos colectivos y sobre población civil (y consiguientemente desarmada), se podría haber pensado que Israel y sus secuaces más incondicionales (Trump, Kushner, Starmer, Zelenski, Merz, Milei) tenían un techo político, cultural, ya que no psíquico y sobre todo mediático, para defender tan tamaña como inusual política; adiós a los derechos humanos, a las limitantes éticos para el ejercicio de las guerras, el abandono descarado de los derechos humanos, algo sobrevenido como plaga bíblica, que abarca la programación cibernética en donde todavía humanos cargan digitales desde retaguardia, y los proyectiles –balas desgarradoras, bombas de fragmentación, y otras “adquisiciones” bélicas– se disparan luego “solas”, con lo cual los programadores se sienten curiosamente ajenos al resultado, cargado de abusos y tragedias.
Hay, empero, un costo político innegable de los israelíes cometiendo atrocidades cotidianas, aunque se parapeten detrás de sus computadoras. Se ha vuelto difícil defender los frutos del ejército de ocupación sionista, pese a la anuencia concedida al Estado de Israel, para llevar a cabo sus planes de colonización e implantación, con su paciencia de décadas y pese a la excusa del fuego teledirigido con el cual, es más difícil ver a un soldado gatillando a cielo descubierto.
La contraofensiva cultural quedó inicialmente en las manos de quienes se ponían, nos poníamos, del lado de las víctimas, defendiendo “los derechos humanos”.
Como hiciera Folke Bernadotte en la primera hora de la ONU, y hoy, la asediada Francesca Albanese.
Al aparato mediático, que está en gran medida guiado, orientado, asesorado o auspiciado por capitales donde están muy sobrerrepresentados los sionistas, no le quedaba en esta situación más que “capear el temporal” y esperar momentos más propicios. El año 2024 fue la ola de repulsa a la barbarie sionista (con `perdón de los bárbaros). Y 2025.
Pero la mejor defensa es un buen ataque. Y ya tenemos, visiblemente en 2026, al sionismo, a lo largo de varias expresiones, procurando “dar vuelta el partido”.
En el patio trasero de EE.UU., que es un almácigo para los frutos israelíes, ha asomado el contraataque.
Ya no es solo el actual presidente argentino Javier Milei que a calzón quitado vocifera los auspicios de la Lubavich.
O al otro lado del Plata, el recatado respaldo de Uruguay al sionismo que ha ido asentando sus reales en todo el ámbito de la enseñanza, penetrando las escuelas primarias de todo el país concentrando la violencia genocida como la de los nazis........