Bakunin, Necháyev y censura |
La editorial Imperdible me pidió una Introducción para el tomo 7 de las Obras Completas1 de Bakunin que están publicando. Pensé que tenía plena libertad para enfocarlo como yo quisiera puesto que es un texto firmado y, yo y solo yo, soy la responsable de dicha Introducción.
No ha sido así, la notificación de que no iban a publicar el texto es para mí seña inequívoca de censura, no obstante, su correo lo tenéis al final del texto y que cada cual lo valore como considere oportuno.
Censurar un escrito porque no coincide con su interpretación de Bakunin acerca del papel de las mujeres en la revolución no pensaba que fuera motivo para la censura, pero ha resultado que sí.
Llevo investigando desde hace muchos años como la teoría y, por tanto, la ideología, no marcan la acción y que es está la que genera emancipación, libertad, etc. Creía que a estas alturas del siglo XXI estaba claro que no existe un vínculo necesario entre el pensamiento y la acción
Los hombres, también los anarquistas y libertarios, han escrito muchas frases, aprobado ponencias, protocolos, y artículos, afirmado la igualdad con las mujeres, pero su acción, su práctica, concuerda poco con sus ideas, con su teoría. Bakunin no es una excepción. Soy contraria a la veneración de los compañeros del pasado (hay muy pocas mujeres anarquistas consideradas pensadoras) que han sido convertidos en «santos laicos» e intocables, lo cual no les resta los muchos méritos que tienen. Me parece que hay que contextualizar en su época a cualquier pensador o pensadora del pasado y extraer aquello que nos sigue siendo útil de nuestra genealogía
——-
INTRODUCCIÓN
(Tomo 7 de las «Obras Completas» de Bakunin)
Laura Vicente
La publicación de las obras completas de Bakunin es un reto y debemos celebrar que la editorial Imperdible se haya lanzado a esta tarea. Dicho lo cual, Bakunin es una persona, como cualquier otra, condicionada por la época en la que vivió, las circunstancias que le afectaron y, como señala Miguel Benasayag,2 la experiencia vital es metabolización y cuerpo autoafectado. No es lo mismo tener información que hacer la experiencia y Bakunin siempre dio más valor a la experiencia que a la información sin despreciar esta.
Leer a Bakunin desde el siglo XXI significa comprender que su figura tiene aspectos actuales, pero otros obsoletos. No pretendo hacer una revisión prolija de unos y otros sino centrarme en aquellos aspectos que más atraen mi interés (también yo condicionada por las circunstancias que me afectan) y que, de una forma u otra, el azar ha puesto en mi camino al prologar este séptimo tomo y no otro.
Entre mis intereses, desde hace muchos años, figura tener en cuenta la situación de la mitad de la humanidad tanto tiempo ignorada. En este sentido, el siglo de Bakunin, el XIX, tenía unas leyes en Europa que establecían el dominio masculino y la desigualdad femenina: las mujeres carecían de la ciudadanía (derechos políticos y civiles), tenían restricciones para acceder a la propiedad, la herencia, la educación, el trabajo, etc., y su presencia en los espacios públicos estaba limitada a la vez que se mantenía su dependencia del hombre (padre, marido, hijo). Las mujeres tenían la consideración jurídica de eternas menores de edad.
El Código Civil de Napoleón (1804) muy influyente en países como Italia, Países Bajos, Suiza, Bélgica, Alemania y España, decía, por ejemplo:
«(…) el marido debe a su esposa protección, y la esposa debe a su marido obediencia; (…) la esposa (…) no puede dar, facilitar o hipotecar o adquirir propiedad (…) sin que el marido se hiciera partícipe en la transacción o diera su consentimiento escrito».
A las leyes se unían otros mecanismos culturales de control social informal más difíciles de detectar y de cuestionar, por ejemplo, el modo en que se representaba la feminidad. Se construyeron imágenes de la mujer de inferioridad (tanto intelectual como física) y de subordinación. La feminidad quedaba definida por la ternura, la abnegación y la dedicación a los demás, frente al raciocinio, el interés propio y el individualismo, que eran el epicentro de la masculinidad. La identidad femenina no podía pensarse fuera del matrimonio y, por tanto, dentro del ámbito del hogar el discurso de la domesticidad le negaba su perfil de trabajadora. Las tareas domésticas no se valoraban como trabajo.
Bakunin, como filósofo, tenía otras preocupaciones, su interés era la libertad tanto en el orden social como personal. La libertad permitía actuar según los dictados de la propia voluntad, lo cual derivaba en la soberanía individual. Consideraba que el ser humano nunca era un medio, sino un fin en sí mismo, que tenía el derecho inalienable de buscar la verdad a través de la libertad. Para consolidar la idea de libertad individual era necesaria la muerte de lo absoluto, es decir, de cualquier principio trascendente superior, fuera Dios, el rey, el Estado, la nación, o cualquier otro.
La libertad individual, opuesta a la autoridad, era partidaria de la colaboración entre soberanos individuales llevada a cabo voluntariamente a través de la armonía natural, de origen ilustrado, y el racionalismo liberal. Era difícil dejar fuera de esa soberanía individual a las mujeres y Bakunin no lo hizo, apostando desde muy pronto por una postura emancipadora en relación a la situación de opresión del sexo femenino y desarrollando un pensamiento crítico con el orden privado que legitimaba el matrimonio monógamo y la familia burguesa.
En «La mujer, el matrimonio y la familia», Bakunin explicó de forma más académica la igualdad social de la mujer con el hombre que requería la abolición de la legislación que, como hemos dicho, consideraba a la mujer un ser inferior y dependiente. Este cuestionamiento de las leyes familiares y matrimoniales condujo a Bakunin a una clara defensa de las uniones libres basadas en el respeto humano y la libertad de dos personas que se aman3.
Que Bakunin y el anarquismo mayoritario defendiera dichas posiciones igualitarias y respetuosas, no significa que fueran impenetrables al deseo hegemónico dominante y que las mujeres anarquistas fueran consideradas iguales por sus compañeros. Su situación de postergación e inferioridad despertó poco interés en los proyectos revolucionarios anarquistas. Como se recoge en este volumen la atención de los anarquistas se centraba en temas teóricos y organizativos que poco tenían que ver con la dominación de las mujeres, el racismo, las identidades sexuales, etc.
Serguéi Gennádievich Necháyev (1847-1882), asociado con los movimientos nihilista y anarquista, nunca declaró un credo ideológico ni filosófico, en momentos de su vida y obra se acercó a estos, pero en otros momentos lo que hace es una apología del simple terrorismo. Su preocupación, casi podríamos decir obsesión, fue la revolución y el tipo de organización que la haría posible.
Mijaíl Aleksándrovich Bakunin (1814-1876), fundó la Alianza Internacional de la Democracia Socialista (AIDS) en septiembre de 1868 en Ginebra, Suiza. Se la considera la primera organización anarquista de la historia. «La Alianza», buscaba crear y estimular organizaciones de masas como la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) que agrupaba sociedades obreras de resistencia con finalidad revolucionaria. Pero, por otro lado, «la Alianza» pretendía articular una organización política, un pequeño «partido», como dijo Bakunin, que tuviera como objetivo reforzar el........