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Que el árbol no oculte el bosque: Más de 3.000 millones «extra» de gasto militar comprometido

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19.03.2026

Juan Carlos Rois, Tortuga.

El gobierno español continúa con su brutal aumento de gasto armamentístico.

La explosión de la guerra provocada por la agresiva política de EE. UU. de la manita de su pareja de baile sionista y con el aplauso de los halcones del militarismo global ocupa de forma amplia la agenda mediática y política.

El gobierno español se proclama en abierta disonancia con la guerra de Irán y afirma un compromiso pacifista que, se dice, responde a la sensibilidad social de la población y a la apuesta ética del gobierno.

Pero que el árbol no nos impida ver el bosque, por favor. Porque ni Sánchez es ni pacifista ni su compromiso con la paz es el compromiso por la paz de las articulaciones de paz que hoy actúan España. Que su voz suene como un referente en el concierto mundial se debe más bien al desplazamiento radical hacia postulados violentos y belicistas del resto de las fichas del tablero internacional.

No es de extrañar que ante un aire tan cargado de testosterona tóxica un mínimo de aire fresco suene a música celestial. ¡pero que la fanfarria no nos impida escuchar la melodía de fondo! que no es otra que la implicación del gobierno del escudo social en la construcción constante de un clima bélico del que todos somos víctima y la reafirmación de un militarismo autóctono al servicio de los intereses del capitalismo global, mediante 1) políticas de rearme y expansión brutal del gasto militar y la deuda asociada al mismo, 2) la venta de armas a troche y moche y la injerencia militar en 18 escenarios militares (más de 100 desde tiempos de Felipe González) de la mano de la OTAN, el colonialismo frú de la UE, la desdibujada ONU o motu proprio bajo la defensa de nuestra “frontera militar de seguridad avanzada” fijada en el Sahel, tal como la definen las doctrinas de seguridad del ejército y 3) la reafirmación de un militarismo sociológico en franca expansión.

De hecho, me parece que los matices alambicados del argumentario sanchista del momento y, sobre todo, el envío de una fragata de guerra (la mejor que tenemos dice la ministra del ramo) al escenario caliente del mediterráneo oriental, pueden ser perfectamente leídos como una mordaza del propio Sánchez para que el ánimo antibélico levantisco de la sociedad española no desborde los cálculos y no vaya a exigir con ímpetu la salida de la OTAN, la expulsión del ejército americano de Morón y Rota o el cuestionamiento del militarismo propio y la exigencia de desmilitarización y trans-arme.

De modo que palo y zanahoria, con algo de cálculo electoral y manipulación. Ya sabemos que los líderes del PSOE tienen un doble lenguaje típicamente militarista con el que despistar al respetable y promete con una mano lo que quita con la otra.

Pero ¡bienvenida sea la ventana de oportunidad que abre la fisura sanchista en el monocorde discurso militarista (oigan a Aznar o a su alter ego Isabel Natividad Días Ayuso, o lean si su masoquismo llega a tales extremos cualquiera de las prédicas de la prensa de derechas y de los tertulianos no tan de derechas), si nos permite volver a conectar con la gente de a pie y articular una protesta con intención de impugnar la guerra a fondo, nuestras complicidades con la misma y, sobre todo, proponer que ante este sistema de fatalismo histórico y moral sí que hay una alternativa de la mano de las políticas de desmilitarización, lucha por la seguridad humana y trans-arme, más allá de OTAN no, bases fuera (y ejército dentro) o de construcción de un polo militar europeo que compita con los otros militarismos en liza.

Dos meses y diez días alimentando soterradamente la bestia.

El gobierno de España ha aprovechado estos dos meses y medio del año 2026 para persistir en su política de rearme y compromiso con el gasto militar, autorizando en 6 de los diez consejos de ministros celebrados hasta la fecha 3.703,85 millones de euros de gasto militar, frente a los 2.062,91 millones de 2025 y los 777,29 millones aprobados en 2024.

Aclaremos que el gasto autorizado por el consejo de ministros ni es todo él para gastar en este año (porque normalmente se compromete gasto a futuro, dando una patada adelante y generando una hipoteca a las futuras generaciones y a los ejercicios públicos de años posteriores), ni es todo gasto “extra”, porque algunas partidas vienen de gasto autorizado en ejercicios anteriores en los que ya se dio la patada hacia adelante.

Se trata, eso sí, de gasto a sumar al que los presupuestos prorrogados desde hace años contemplan para lo que de forma superficial vamos a llamar gasto corriente: sueldos y prestaciones de los militares, mantenimiento de sus instalaciones, reparaciones y suministros ordinarios, etc.

En todo caso, releja una constante subida del gasto militar como fruto de la opción del gobierno por el rearme y refleja un proceso de aumento constante que se remonta no a uno ni dos años, sino a toda la legislatura y a todo el gobierno de Sánchez desde la moción de censura del año 2018 hasta la fecha (aunque a decir verdad, los gobiernos anteriores tampoco se quedaron mancos, demostrando el consenso de las élites en privilegiar el gasto militar y la construcción del militarismo como uno de sus ejes vertebrales, pues como se sabe, aquí todo está atado y bien atado).

Porque desde que Sánchez sanchea con sus palmeros sumando apoyos, en lo que se refiere al aumento del gasto militar nos encontramos, como quien dice, subiendo las empinadas cumbres de Everest, pero sin haber tocado cumbre todavía.

Compromiso militarista en bloque del gobierno

Dada la magnitud del gasto aprobado en el Consejo de ministros, no podemos sino concluir que se trata de una opción deliberada.

3.700 millones de euros en múltiples expedientes no son moco de pavo y no pueden pasar desapercibidos ni para los ministros más despistados y desafectos y no consta malestar alguno en el ánimo aprobatorio del gasto militar por parte de los implicados en su aprobación.

Pero hay una segunda derivada del asunto que es la transversalidad del referido gasto, en el que han participado en lo que va de año los ministerios de Hacienda, Defensa, Interior y Presidencia (en otros años, y en este seguramente sucederá así en sucesivos acuerdos, han intervenido otros ministerios como Ciencia e Innovación, Industria, y así hasta la práctica totalidad de ellos).

Para hacernos una idea, acompañamos un cuadro correspondiente al gasto en el que estuvieron comprometidos los distintos ministerios en el año 2025, que demuestra la transversalidad del gasto militar español (además de la exageración del mismo, dicho sea de paso).

El cuadro de autorizaciones entre enero y el 10 de marzo nos muestra el para qué de nuestro disparatado gasto militar: injerencia militar (casi 700 millones de euros), armas (más de 1500), combustible para aviones de guerra y barcos militares, incentivos a los militares, que los pobrecillos “ganan poco” y toda la gama de la promoción de la guerra para la que es usado nuestro ejército.

Entre los aspectos llamativos, una vez más, aparece un curioso elemento que nos da pie para explicar para qué vale el INVIED, el Instituto de la Vivienda de la Defensa, un organismo autónomo militar.

INVIED en teoría gestiona los terrenos y las viviendas militares, pero también protagoniza todas las enajenaciones de bienes de Defensa, el segundo terrateniente del Estado, y ha protagonizado algunas de las ventas destinadas a negocios especulativos, como la operación campamento (272 millones de euros por 1,6 millones de metros cuadrados de terreno), los cuarteles de Loyola (72 milloncetes para la buchaca), el cuartel de caballería Alfonso XIII de Sevilla (más de 8 millones); etc.

Pues bien, los acuerdos de 2026 han autorizado un suplemento de gasto para Defensa con cargo a los “remanentes de crédito” del INVIED que se usará para incentivar la movilidad geográfica de los militares.

INVIED ofrece ingresos “atípicos” que inyecta a defensa por su actividad especulativa, y que luego refleja la Intervención General del Estado en sus avances mensuales. Ingresos atípicos que también le chutan a defensa los otros organismos autónomos militares.

Eso sí, el Consejo de ministros que ha autorizado este ingreso extra a defensa no ha tenido el mismo celo para decirnos, como habría sido de desear, la cantidad concreta de “remanentes” que le ha soltado a Defensa. Pero no, no lo dicen.

Otro gasto del que no tenemos cifras concretas es lo que supondrá la incorporación al ejército de los 2863 oficiales y suboficiales de la provisión de plazas de acceso a los centros docentes militares, pero ¿qué importancia puede tener este pequeño gasto para merecer una clarificación?

De otros gastos, como el de combustible o el de operaciones en el exterior para garantizar nuestra cuota de injerencia militar, ya he hablado en otras ocasiones, no quiero repetirme.

Operaciones militares en el exterior

Pero, ya que hemos mencionado nuestra inestimable inyección de pasta para las operaciones militares en el exterior, casi 700 millones de euros en enero para abrir boca, veamos a qué va destinado este dineral.

Empecemos por decir que la cantidad aprobada se suma a las cantidades previstas en los presupuestos prorrogados y, a tenor de los datos de los que se dispone, será complementada con otra u otras dos (probablemente en junio o julio y si hace falta después de verano) aprobaciones más de gasto con cargo al fondo de contingencia, para cubrir los más de 2.100 millones de euros que como mínimo, tendremos en este capítulo de injerencia militar en el exterior.

¿Y dónde tenemos tropas?

Pues según el listado del propio ministerio de defensa en 19 operaciones (se puede consultar en https://www.defensa.gob.es/misiones/en_exterior/actuales/ :

EUTM RCA en República Centroafricana, bajo bandera UE

Diplomacia de la Defensa y Seguridad Cooperativa, en golfo de guinea, bajo bandera propia.

EUTM-Somalia, en Somalia, para combatir terrorismo y piratería, bajo bandera de la UE

EUMAM-Mozambique, en Mozambique, bajo bandera UE

Apoyo a Irak – Inherent Resolve – NATO Mission-Irak, en Irak y bajo bandera de la OTAN

EUNAVFOR ‘Operación Atalanta’, en el océano índico a la puerta del mar de arabia y en el golfo de Adén, bajo bandera UE

Persistent Effort:  en Turquía, bajo bandera OTAN

Persistent Effort: Policía Aérea en el Báltico, en Estonia, Letonia y Lituania, bajo bandera OTAN.

Persistent Effort: Policía Aérea en Islandia (ASIC IPPN), en el atlántico norte-Islandia, bajo bandera OTAN

Persistent Effort: Policía Aérea Reforzada en el flanco este de Europa. Países aliados-OTAN, en el mar negro, bajo bandera OTAN.

Despliegue de fuerzas terrestres en el Flanco Este: Letonia, Eslovaquia y Rumanía, bajo bandera OTAN.

Fuerza de la Unión Europea en Bosnia Herzegovina EUFOR Althea BiH, bajo andera UE.

Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Líbano (FINUL), bajo bandera ONU.

Grupos navales permanentes de la OTAN, que operan en el Mediterráneo, Mar Negro, Báltico, Flanco Norte, Corredor Sur (del Estrecho de Ormuz al Canal de Suez, incluyendo las costas de Somalia, bajo bandera OTAN.

ONU-Acuerdo de paz en Colombia, bajo bandera ONU

Sea Guardian, en aguas internacionales del Mar Mediterráneo y aproximaciones del Estrecho de Gibraltar, bajo bandera OTAN.

Seguridad Cooperativa en Mauritania, bajo bandera propia.

Seguridad Cooperativa en Senegal, bajo bandera propia.

Seguridad Cooperativa en Túnez, bajo bandera propia.

Además de estas 19 misiones internacionales por prácticamente todos los puntos calientes donde el neocolonialismo de EEUU con sus subordinados de la OTAN y el neocolonialismo secundario de la UE tienen intereses y conflictos.

Habría que añadir que ahora hemos mandado también una fragata a Chipre en el contexto de la guerra de EEUU e Israel contra Irán.

En total, 20 misiones, de las que 8 se hacen bajo bandera OTAN, 6 son bajo bandera UE (contando en ellas la de la fragata en Chipre), 4 por cuenta propia y el resto por bandera ONU.

No parece que tal despliegue nos hable ni de un país promotor de la paz, ni de neutralidad, ni de búsqueda de distensión alguna, pero para gustos los colores y seguro que en las filas de los apologetas del pacifismo made in PSOE hay alguno que nos quiera convencer de lo contrario con sus inigualables palabras envolventes y trolas siderales.

Las salpicaduras de la guerra de Irán

En concreto, y respecto del actual conflicto sionista-cruzado emprendido por EEUU e Israel, pensar que no nos salpicará resulta poco menos que ciencia ficción.

Primero porque el despliegue regional español en esta zona caliente es evidente, manteniendo presencia militar bajo bandera ONU (Líbano), UE y OTAN, como se ve en el cuadro que aportamos con los puntitos en color rojo.

Segundo, porque se trata además de una zona caliente de clientes de nuestra industria de defensa, con una venta desde 2024 a 2021 (usando datos de Delás) de más de 8.000 millones de euros, como se ve en los puntitos en color verde.

Para la gente más inquieta, acompaño además un cuadro de clientes militares de España en la zona con cifras totales hasta 2021.

Tercero, porque gran parte de las operaciones militares Atalanta, EUTM Somalia y las demás operaciones navales que mantienen la OTAN y la UE en la región se dirigen y monitorizan desde la base naval de Rota, que actúa así con independencia de no haber autorizado a EEUU el uso de la misma para su operación militar propia en Irán.

Cuarto, porque en la disputa regional hay actores enfrentados a Irán y que forman parte de los acuerdos de Abraham que los asocia a Israel, que cuentan también con acuerdos de cooperación militar con España, por no contar con la vinculación de España al compromiso de defensa mutua de los países de la OTAN, que podría obligar a una implicación directa si el conflicto escala y entra en el mismo Turquía o Grecia, por ejemplo.

Quinto, porque las restricciones manifestadas con lengua de serpiente por Sánchez y sus corifeos afirman con calculada retranca que España no participará en una guerra que no cuenta con el aval del derecho internacional y de los compromisos legales asumidos por España con sus socios. En román paladín, no estamos ante un rechazo incondicional de la guerra, sino únicamente de la falta de un requisito formal que puede autorizar a un cambio de posición.

Y sexto, porque España, no lo olvidemos, sigue siendo un fiel aliado de EEUU, subordinando su política de defensa (y de paso comprándole una parte nada despreciable de su material de guerra) a los intereses estratégicos de éstos, a la vez que es socio también privilegiado de Israel a quien, y por supuestas razones de seguridad, seguimos comprando material militar a pesar de las leyes aprobadas (a rastras y obligado por la presión popular) que prohibían dicha adquisición.

Por el contrario, no se conocen apuestas de España en favor de los ya varios millones de refugiados provocados por la actuación criminal de EEUU e Israel en el Líbano, Kurdistán o el propio Irán, ni apoyo a los movimientos de lucha contra la guerra en la zona.

A lo que sí es sensible el gobierno de Sánchez es a la presión social. Nos lo demuestra la movilización contra el genocidio israelí del verano.

El gobierno, molesto con las tropelías de sus socios y movido por la presión social se posicionó más allá del resto de países europeos y hasta aprobó normas que de otro modo no habría aprobado.

Por eso es necesario seguir movilizado la protesta social para conseguir una paz más ambiciosa y ni simplemente centrada en el rechazo a esta nueva escalada bélica, sino a la guerra como institución capitalista y al militarismo como sistema que la organiza y moviliza.

Por eso hay que ir también más allá de la guerra, más allá de la OTAN y de las bases y exigir la reversión de los procesos de rearme emprendidos, la desmilitarización y e trans-arme de las capacidades y recursos que el Estado destina al militarismo a la articulación por parte de la sociedad de una respuesta a las necesidades sociales y los logros y conquistas públicas necesarios para garantizar y tutelar la seguridad humana y ecológica más allá de las lógicas de dominación-violencia vigentes.


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