No son solo memoria
Escribo estas líneas con los ojos empañados y el corazón encogido por una emoción que arrastro desde la infancia. En mi casa, el dolor nunca fue una cifra en un libro de texto; fue una silla vacía, un susurro que se cortaba cuando entrábamos los niños a la habitación y una fotografía en blanco y negro oculta al fondo del armario nos estremecía. Durante noventa años, el franquismo primero y el silencio de nuestra democracia después, nos obligaron a vivir con un duelo suspendido en el aire. Nos impusieron la crueldad de no tener un lugar donde dejar una flor, obligándonos a mirar al suelo del Cementerio de Vegueta sabiendo que allí, en una triste fosa despojada de nombres, yacía la carne de nuestra carne. Por eso, el acuerdo de ayer de la Agrupación FFCC Vegueta con el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres Pérez, para iniciar de inmediato los estudios y las excavaciones arqueológicas, no es mero trámite administrativo. Es un abrazo que viaja en el tiempo. Es la promesa de que la tierra, por fin, va a devolvernos lo que nos fue arrebatado.
Para quienes llevamos el peso de esta ausencia, cada día de espera ha sido una pequeña punzada de dolor. Pienso en mis padres, en mis abuelos y tíos, que se marcharon de este mundo con la mirada gastada de tanto esperar una llamada, con la pena infinita de morir sin saber si el cuerpo de su padre descansaba bajo el escombro y el barro del olvido premeditado, si había sido devorado por la salinidad del mar. Este pacto llega dolorosamente tarde para........
