No a la guerra, los pueblos no la provocan
Las provocan los grandes especuladores financieros, los mercaderes de la muerte, quienes se enriquecen con la industria armamentística. Mientras unos pocos acumulan beneficios, pretenden que seamos los trabajadores y trabajadoras quienes paguemos las consecuencias de esta nueva guerra en Oriente Medio.
El conflicto imperialista encabezado por Israel y Estados Unidos se dirige ahora contra la nación persa. Esta guerra no solo extiende dolor, muerte y destrucción entre los pueblos de la región. También persigue apropiarse de la riqueza social: primero mediante la venta masiva de armas y después mediante el negocio de reconstruir lo que las propias bombas han destruido. Como siempre, la riqueza que produce la mayoría termina en manos de una minoría.
Pero las balas y las bombas no solo matan a los trabajadores de aquella región. También golpean la economía de las familias en Occidente. Las fuerzas conservadoras exigen que con nuestros impuestos paguemos esta guerra recortando derechos como las pensiones y la sanidad y creando una deuda pública para las generaciones futuras.
También han encontrado otra forma de hacernos pagar su guerra con la inflación y el encarecimiento de los combustibles. En nombre de la supuesta «libertad del mercado» las petroleras ya están trasladando aumentos de precios a la energía, con subidas que pueden alcanzar o superar el 30%. La inflación la vemos cada día en el supermercado, en el recibo de la luz y en el coste de la vida. Como solución el gobierno estudia ahora posibles rebajas de impuestos a la gasolina y el gasóleo, como se hizo en otras ocasiones tal como exige la derecha y los grandes especuladores. Pero todos sabemos lo que ocurre: esas rebajas apenas se notan en nuestros bolsillos y terminan aumentando los beneficios de las grandes empresas.
Reducir los impuestos a los combustibles es solo un parche. Además, cuando se bajan los impuestos el Estado recauda menos y después llegan nuevos ajustes que vuelven a pagar los de siempre. Hay que decirlo con claridad: los carburantes no se compran de un día para otro. Se adquieren con meses, incluso años, de antelación antes de llegar a las gasolineras. Antes del inicio de la guerra el barril estaba en 62,43 dólares. Hoy supera los 90 dólares y seguirá subiendo. Pero gran parte de ese petróleo y ese gas ya fue comprado a precios mucho más bajos. Por tanto, la subida actual no tiene justificación real y eso es lo que debería de controlarse de forma inmediata.
La solución más que bajar impuestos es CONTROLAR EL MERCADO Y LIMITAR LOS BENEFICIOS. En este caso, ante una situación de turbulencia como la que ha creado esta guerra exigimos que se defienda a los trabajadores y trabajadoras y a la mayoría de la población, y para ello es necesario que no permita que los especuladores hagan su agosto mientras crece la pobreza. La guerra en Oriente Medio sigue escalando y puede extenderse a otros países. Sus consecuencias recaerán, como siempre, sobre los pueblos. Por eso es el momento de volver a levantar una voz clara y rotunda, como hicimos millones de personas cuando el gobierno de Aznar metió con falsedades a nuestro país en la masacre de Irak. La garantía de que no se repita esa tragedia y sus consecuencias terribles, es salir a las calles para gritar: ¡NO A LA GUERRA!, participar en las acciones contra ella, coordinarse a nivel local, regional, estatal e internacional, como hará COESPE el próximo mes de junio en Londres, participando en el encuentro internacional contra la guerra, 2g conferencia internacional y mitin global, junto a organizaciones y movimientos exigiendo el stop a las guerras.
La garantía de que nadie empuje a nuestro pais por la senda de su suicidio moral, económico y político, depende de que la sociedad en su conjunto se pronuncie activa y enérgicamente en defensa de la paz como millones de personas lo están haciendo en todo el mundo.
Desde el movimiento en defensa de las pensiones públicas, COESPE EXIGE:
• Alto el fuego inmediato.
• Intervención del gobierno para frenar los precios y limitar la especulación.
• Neutralidad real de nuestro país y defensa de una solución pacífica.
• Gobierne quien gobierne los derechos, los servicios y las pensiones públicas de reparto se defienden.
¡SU GUERRA NO LA PAGAREMOS LOS PUEBLOS!
