Violencia silenciosa contra las mujeres enfermas crónicas

En el tejido frágil de nuestra sociedad, donde la luz de la equidad parece proyectarse con generosidad, persiste una sombra tenaz: la violencia institucional que se ceba, con sutileza cruel, sobre las mujeres aquejadas de enfermedades crónicas invisibles. No son dolencias que griten en la carne abierta, sino males que se deslizan en el silencio de venas y nervios, como fibromialgia, síndrome de fatiga crónica o lupus eritematoso, afecciones que devoran la vitalidad sin dejar huella visible para el ojo ajeno. Estas mujeres, guardianas de un sufrimiento que la mirada pública desdeña, se convierten en espectros de sí mismas, condenadas a un limbo donde el dolor es cuestionado, minimizado y, en última instancia, invisibilizado por las estructuras mismas del poder.

La violencia no siempre empuña el hierro ni profiere insultos; a menudo se disfraza de burocracia indolente, de protocolos médicos que exigen pruebas irrefutables como si el alma humana fuera un laboratorio estéril. En consultas abarrotadas, donde el tiempo se mide en minutos........

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