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Chile. El centro, error -y horror- antropológico

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29.10.2019

“Ante una agresión, el hombre tiene tres posibilidades: no hacer nada, huir, o combatir” (Henri Laborit) Suele suceder que uno utilice palabras sin tener la más peregrina idea de lo que se oculta detrás, lo que se traduce en malentendidos que pueden traer desastres de proporciones. Mi obsesión con la semántica, la etimología, los significantes […]

“Ante una agresión, el hombre tiene tres posibilidades: no hacer nada, huir, o combatir” (Henri Laborit)

Suele suceder que uno utilice palabras sin tener la más peregrina idea de lo que se oculta detrás, lo que se traduce en malentendidos que pueden traer desastres de proporciones.

Mi obsesión con la semántica, la etimología, los significantes y los significados proviene de ese temor: descubrir que fui víctima de un error como el de Fernanda, personaje de Cien años de soledad, que confundía el culo con las témporas.

Culo, en su acepción anatómica, designa el conjunto de las dos nalgas, también llamado trasero. Las témporas, en la Iglesia Católica, son breves ciclos litúrgicos, correspondientes al inicio y término de las cuatro estaciones del año, consagrados a la plegaria y a la penitencia. Uno se pregunta cómo es posible confundir el uno con las otras, pero sucede.

La prudencia y la precisión mandan el uso de palabras cuyo significado sea comprensible. Ya estamos: encontré la dificultad cuando quise escribir algo sobre el centro. La noción presta a confusión.

Si miras un buen diccionario, centro es un lugar de convergencia de acciones particulares coordinadas (centro de mando). En el ámbito del urbanismo, el centro designa un barrio en el que se concentra algún tipo de actividad (comercial, financiera, médica). En el círculo, el centro es el punto del que equidistan todos los de la circunferencia. En la esfera, el punto interior del que equidistan todos los de la superficie. En los polígonos y poliedros, el punto en que todas las diagonales que pasan por él quedan divididas en dos partes iguales. En física, el centro es el punto de un cuerpo en el que, si aplicas una cierta fuerza vertical, anulas las fuerzas de gravedad que actúan sobre él (centro de gravedad o baricentro). En Camerún, Centro es una de las diez regiones del país, cuya capital es Yaundé.

Parece sencillo, y no lo es. Si te refieres al centro político, el diccionario lo define como ‘tendencia o agrupación política cuya ideología es intermedia entre la derecha y la izquierda’.

Es de notar que el centro tiene ideología, lo que genera confusión visto que quien se define como centrista suele afirmar que las rechaza todas, sustituidas –las más de las veces– por la panacea del ‘pragmatismo’. Ese tipo de pragmatismo que lleva a utilizar ‘centro’ como prefijo para formar palabras derivadas como centroderecha o centroizquierda. Tú, que de esto sabes un puñado, intenta definir centroizquierda –o centroderecha– a partir de la definición de ‘centro’… Difícil.

De ahí que postular que el centro político es un error antropológico exija algunas explicaciones.

Es posible que el nombre de Henri Laborit no te diga nada. Si te dedicas a la viticultura, o en estricto rigor al cultivo de moluscos poliplacóforos, no pasa nada (aunque en el caso de los moluscos no estoy tan seguro). Pero si te interesa la política… lo tienes crudo.

Henri Laborit, biólogo, médico militar, psicólogo, filósofo y etólogo francés, dedicó buena parte de su trabajo científico a estudiar el comportamiento animal y humano, y describió los mecanismos psico-biológicos de la dominación y la sumisión.

Las investigaciones de Laborit le llevaron a acordarle una importancia creciente a la memoria y al aprendizaje (provenientes del contacto del individuo con su medio, particularmente el medio humano) en comportamientos que otros veían como ‘innatos’. En la Introducción a su libro La paloma asesinada, Laborit escribe:

“La agresividad es un ejemplo. No habíamos distinguido la agresividad depredadora de la agresividad defensiva, ni de la agresividad competitiva. Esta última es prácticamente la única que persiste en el hombre. Resulta del aprendizaje de la “gratificación” experimentada en el contacto con un ser o un objeto ‘gratificante’, o dicho de otro modo, del aprendizaje de nuestro ‘placer’ (Freud).

Si la misma experiencia de los mismos objetos o seres fue hecha por otro que también quiere conservarlas a su disposición, resulta la noción de propiedad y la aparición de la competencia por conservar el uso y el disfrute del objeto gratificante. El proceso está en la génesis de la agresividad competitiva y de la búsqueda de la dominación.”

Servidor ve surgir –ante sus ojos maravillados– el conflicto. Pero lo bueno viene ahora:

“El perdedor de la pelea, el sometido, pondrá en acción un cierto número de vías y áreas cerebrales que conducen a la inhibición de la acción. Pero si la inhibición persiste, el desorden biológico que acarrea, dominará toda la patología: bloqueo del sistema inmunitario que abrirá la puerta a las infecciones y a las evoluciones tumorales, destrucciones proteicas que generan insomnio, pérdida de peso, retención de agua y de sales, ergo hipertensión arterial y accidentes cardiovasculares,........

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