Dándole a la vida sueños
A la altura de este 2026 de guerras y muertes inducidas, soñar pudiera parecer (como siempre ha parecido) cosa de personas extraviadas en la irrealidad. Claro, valdría la pena entonces considerar como seres de alma carnívora que devoran su propia esencia en el pragmatismo vulgar asociado a la exaltación del consumo, a quienes solo ven y reconocen lo que pasa frente a sus narices.
El soñador que lucha por sus sueños no está exento de sentido práctico, solo que lo visualiza y persigue en una latitud diferente a la rala inmediatez. Los revolucionarios usamos con toda legitimidad el concepto de futuro (de bordes inaprensibles) en el intento por instalarlo como estatus de idílica convivencia y armonía entre todos los seres y tendencias políticas del universo. No obstante, su desgaste semántico —saga de una retórica política plana y falaz— hace que algunos lo destierren de su arsenal lingüístico y lo relacionen solo con la utopía. A quienes practican esa «objetividad» se les podría remitir a esta frase acuñada por Carl Jung: «El que mira fuera sueña, el que mira adentro se despierta».
La humanidad tendrá su futuro soñado. O solo vacío. Y ese día tiene que ser, por obligación, distinto de este hoy que apunta, con sus más crudas armas de globalización imperial, a la........
