Con el agua sucia y con el niño
No tirar al niño con el agua sucia es el axioma con que se convoca a no perder lo esencial cuando nos despojamos de lo superfluo. Creo que fue en el primer lustro de los 90, cuando apenas comenzábamos a admitir y fomentar la pequeña (mínima) iniciativa privada con un grupo de actividades de servicio unidas a la inversión extranjera (sobre todo enfocada al turismo) que comenzaron los resabios teóricos anunciando el abandono de rumbos «sagrados» del proceso revolucionario.
Pasaban por alto la predicción del propio Fidel cuando, en más de una ocasión, afirmó que entre más avanzáramos por ese camino —inaplazable— menos socialismo tendríamos y mayores serían las desigualdades.
No había modo de evadir esa ruta, desacertadamente proscrita en 1968 tras la que se llamó «ofensiva revolucionaria», pues entre la ineficiencia y la creciente escasez de recursos de la oferta estatal, derivada a su vez de la debacle del campo socialista y la desaparición del Consejo de Ayuda Mutua Económica (Came), se activaron paliativos que en alguna medida permitieron cubrir las diversas demandas de la población.
Crecieron en progresión geométrica los proyectos de pequeños negocios, y, en la medida en que el bloqueo subía sus estándares, más fuerza ganaba dicha táctica mientras se confirmaba, paso a paso, lo........
