Odas vegetales

El huracán Melissa me sacudió de muchas maneras.

Uno suele pasar por lo ya visto, como algo consabido, sin nada que aportar. Se va quedando ciego y mudo y lerdo. Uno respira sin pensar que es un milagro, uno planta sin reparar que es una maravilla eso llamado tierra. Hay quien se sacude las manos llenas de tierra con horror, con fruición. 

El apremio no deja ver las nervaduras, no deja ver la tierra, no deja ver el sol. ¡Hay tanto marabú usurpando la luz!  

Protegido por las paredes, por la casa que alzó mi padre con mil desvelos, escuché las aspas a todo dar y el quejido de las plantas, enfrentadas solas, a la intemperie, heroicamente, a los vientos del diablo. Melissa arrasó, desgarró, calcinó. Me hizo revalorar las raíces tenaces y escondidas, los tallos humildes que se levantan para cobijarte.

Quise envolver sus quejidos con mis palabras, enmendar........

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