Las coordenadas de la infancia

¿Niño o niña? La pregunta suele ser trivial, mera curiosidad que se dispara cuando vemos a una embarazada o a cualquier persona con un crío en brazos y, por cortesía o nostalgia, alabamos su situación.

Si no es alguien cercano o no nos toca tomar decisiones sobre ese nuevo ser, apenas atendemos a la respuesta. ¿Qué más da? Nos alegramos porque nos gustan los bebés o nos alejamos si nos disgustan: el género no marca diferencia en esa reacción, que tiene mucho de aprendizaje cultural inconsciente.

A nivel macro, rara vez nos detenemos a pensar sobre las proporciones de X y Y en los nacimientos. Lo curioso es que Natura hace su ajuste para que cada año nazca una cantidad bastante similar de criaturas de cada sexo, con apenas seis o siete individuos más por cada mil, a favor de los varoncitos.

Si, además, razonamos que, en los primeros años de vida, las necesidades de cuidado son las mismas y la apariencia corporal es pareja (excepto en lo que no es mostrable por ley), la lógica indica que la crianza debería ser uniforme, o al menos, centrada en la diversidad de dones e intereses........

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