Las puertas de Monserrate
La muralla encerró la ciudad. Atenta a sus propios temores la condenó a la nostalgia por la brisa fresca con olor a amanecer de monte, susurro de olas y salitre.
Cuando acababa el mediodía, al caer la tarde, la gente se atrevía a aventurarse afuera, hacia el alboroto, la animación. Comenzaba el deseo de la ausencia. Las familias acaudaladas iban al Paseo del Prado para lucir su esplendor, los........
