El legado de los 32 |
A veces sucede que las palabras son insuficientes, que todo o casi todo está dicho, y el dolor y la rabia nos compele a cambiar las armas de la razón, por las que el invasor emplea para evadir la razón; cuando la denuncia destruye el escudo de mentiras —no existe, por ejemplo, el Cártel de los Soles, ha confesado el Departamento de Justicia yanqui— y pone en evidencia los objetivos reales, pero la red de medios imperiales repite las mismas falsedades, y la verdad queda acorralada en espacios ínfimos, inaudibles; cuando el imperialismo aparenta no haber escuchado o leído, y alza el volumen transnacional de sus diatribas pensadas más para amedrentar que para convencer; cuando a veces incluso declara abiertamente, de manera cínica y prepotente, sus verdaderas intenciones, apoyado en la fuerza, la palabra que debe esclarecer se enreda en la oscura retórica del invasor, y uno comprueba sus límites; entonces la explicación y la denuncia se convierten en «el grito de guerra y de victoria» guevariano, en un «canto luctuoso con tableteo de ametralladoras», al decir y hacer del Guerrillero Heroico. Amamos la paz, pero no la que supuestamente se erige sobre la fuerza. La paz se construye sobre la justicia.
Desde el día 3 he permanecido en silencio. Las palabras de repente dejaron de importar. Dejaron de ser letra escrita para encarnar en 32 cubanos que pusieron pecho y corazón para enfrentar a un ejército........