“¿Puede sostenerse, hoy por hoy, la existencia de una clase obrera en ascenso, sobre la que caería la hermosa tarea de hacer parir una nueva sociedad? ¿No alcanzan los datos económicos para comprender que esta clase obrera -en el sentido marxista del término- tiende a desaparecer, para ceder su sitio a otro sector social? ¿No será ese innumerable conjunto de marginados y desempleados cada vez más lejos del circuito económico, hundiéndose cada día más en la miseria, el llamado a convertirse en la nueva clase revolucionaria?”

Fidel Castro

Marcelo Colussi

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Futuro incierto: ¿cuándo llega el socialismo?

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16.09.2022

“¿Puede sostenerse, hoy por hoy, la existencia de una clase obrera en ascenso, sobre la que caería la hermosa tarea de hacer parir una nueva sociedad? ¿No alcanzan los datos económicos para comprender que esta clase obrera -en el sentido marxista del término- tiende a desaparecer, para ceder su sitio a otro sector social? ¿No será ese innumerable conjunto de marginados y desempleados cada vez más lejos del circuito económico, hundiéndose cada día más en la miseria, el llamado a convertirse en la nueva clase revolucionaria?”

Fidel Castro

  • El modo de producción capitalista, iniciado en Europa hacia la época del Renacimiento en los siglos XV y XVI, hoy extendido por el planeta completo, al igual que todas las sociedades clasistas anteriores que presuponen la propiedad privada de los medios de producción (modos despótico-tributario, esclavista, feudal) se funda en una injusticia estructural: la explotación de las grandes mayorías trabajadoras para provecho de una minúscula élite (sea faraón, emperador, casta sacerdotal, rey, mandarín, terrateniente, burguesía industrial, emir, oligarquía financiera global, etc.). El capitalismo, en particular, se centra en el lucro empresarial a partir de la extracción de plusvalía y la acumulación de capital, por lo que, dentro de su lógica, ese proceso no tiene final. El imperialismo, como fase superior del desarrollo capitalista, llevó al mundo actual, globalizado completamente y manejado por mega-capitales que trascienden en mucho las lógicas de Estados nacionales.
  • El socialismo científico nació a mediados del siglo XIX como un grito alternativo al sistema capitalista que se venía imponiendo en Europa industrializada. Las primeras organizaciones sindicales fueron los primigenios y balbuceantes proyectos anti-capitalistas, seguidos luego de los románticos paraísos de socialismo utópico delineado por algunos soñadores. Con la sistemática producción teórica de Marx y Engels, esas protestas tomaron una base conceptual sólida, científica, traducidas en una praxis política revolucionaria. El estudio profundo del capital es el aporte básico para esa lucha. : : :
  • Con el ideario socialista en la mano, al conjugarse varios factores (una conducción política revolucionaria, masas empobrecidas hasta un nivel de hartazgo que las movilizó con energía, situación socio-política favorable a un cambio en la correlación de fuerzas entre explotadores y explotados, liderazgos personales adecuados a esos momentos históricos: Lenin, Mao, Castro, Ho Chi Ming), en varios países comenzaron a producirse profundas transformaciones revolucionarias. Fueron las primeras experiencias post-capitalistas sostenidas, inspiradas de algún modo en la efímera Comuna de París de 1871.
  • Abriendo un interrogante sobre las predicciones formuladas en su momento por Marx y Engels, esas experiencias no surgieron en países industrialmente desarrollados, sino en zonas con estructuras básicamente agrarias, más ligadas aún a un modo semi-feudal. No fue un proletariado industrial urbano el fermento conductor de esas revoluciones sino movimientos campesinos en países sin un capitalismo fuertemente desarrollado: Rusia, China, Cuba, Vietnam, Corea, Nicaragua.
  • Bombardeadas siempre en forma inclemente por la inmensa mayoría de países capitalistas, atacadas con todos los medios imaginables, incluida la agresión militar, con profundas diferencias entre sí, todas esas primeras expresiones socialistas dieron muy importantes pasos en la mejora de las condiciones de vida de sus poblaciones. Más allá de la visceral y destructiva propaganda ideológico-cultural anticomunista que marcó el siglo XX, esos países lograron grandes avances sociales (salud, educación, planes de vivienda, mejora en la alimentación, desarrollo científico-técnico, impulso al deporte). Si hoy se siguen presentando como “fracasos”, eso es producto de la maquinaria mediática capitalista que no puede admitir algo más allá del capitalismo.
  • Por una sumatoria compleja de elementos –el continuo ataque externo, burocratización de los procesos, dificultad/imposibilidad de mantener una edificación socialista en un solo país, errores de concepción, permanencia de una cultura/ideología capitalista hondamente enraizada– los distintos proyectos revolucionaron involucionaron hacia fines del siglo XX. La derecha mundial celebró jubilosa ese retroceso, pensando que ahí se terminaba su “pesadilla” socialista: se desintegra la Unión Soviética, China busca mecanismos de libre mercado, otros países socialistas entran en “período especial” de estrecheces. El capitalismo se sintió triunfal, con la sensación que no puede haber nada más más allá de él. Se llegó a decir, exultante, que “la historia había terminado”. Una representante icónica de ese momento, la mandataria británica Margaret Tatcher dijo sin ambages que “no hay alternativa”: o capitalismo ¡o capitalismo!
  • Las transformaciones/regresiones habidas en el campo socialista no significaron el final de las penurias de las grandes mayorías populares del globo sino, por el contrario, su agravamiento. En todo caso, esos cambios políticos dejaron temporalmente sin referentes a las izquierdas. Se produjeron muchas deserciones en la lucha revolucionaria, transformando los proyectos políticos en procesos de acomodo con tinte socialdemócrata. El ánimo general, al menos en un primer momento, fue de desesperanza, de incredulidad en el ideario socialista, de desazón. La idea de revolución dejó de ser insignia a levantarse. De todos modos, las causas de injusticia que encendieron las luchas revolucionarias y socialistas desde un siglo y medio atrás, persistieron, y más aún, se profundizaron. Entrado el siglo XXI, las mismas se agudizan.
  • La caída de esos ideales, más lo planes de capitalismo salvaje (neoliberalismo) que se comenzaron a aplicar hacia fines del siglo XX –perdurando en lo que va del presente– hicieron retroceder históricas conquistas sociales logradas con años de lucha y sacrificio por las grandes masas trabajadoras. El campo popular mundial, así como las izquierdas de todas partes, se sintieron en derrota, con un proyecto en la mano que no se veía cómo viabilizarlo. Fueron años de desconcierto, de desasosiego.
  • Sin una claridad política y un norte preciso como se tuvo en la primera mitad del siglo XX, las reacciones populares ante las injusticias continuaron de todos modos. Nuevos planteamientos, antes silenciados, vinieron a engrosar el descontento: el reclamo contra el patriarcado, contra el racismo, contra todo tipo de discriminación, contra el desastre medioambiental producido por la voracidad capitalista, aparecieron en escena. Todas estas luchas levantaron la voz, aunque el planteamiento clasista de décadas pasadas de lucha contra la inequidad económica fue opacándose. Contribuyó a esto último una suma de causas: el retroceso de las primeras........

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