Anatomía de la infamia |
Me he quedado reflexionando acerca de la infamia a raíz de un artículo de mi amiga Soledad Morillo Belloso donde defiende a Pedro Vallenilla Sosa. Y lo primero que pensé es que no hace falta un ejército para destruir a una persona. Basta un susurro. Una frase maliciosa dicha en el tono correcto, en el oído adecuado, en el momento preciso. Así comienzan las infamias: no con estruendo, sino con ese silencio cómplice que precede al veneno.
La reputación —ese capital invisible que tarda años en construirse— puede desmoronarse en cuestión de horas. No porque haya cambiado la verdad, sino porque alguien decidió torcerla. Porque alguien entendió que, en tiempos de inmediatez, superficialidad y sobre todo, carencia de valores, la mentira viaja más rápido que cualquier desmentido, y deja cicatrices más profundas que cualquier evidencia.
El mecanismo es casi siempre el mismo. Primero, la........