Tradiciones alicantinas: otro verano siendo precaria
La playa del Postiguet esta semana, como si fuera pleno verano / Pilar Cortés
Cuando mayo toca a su fin la ciudad empieza a transformarse las terrazas empiezan a multiplicarse como setas, los apartamentos turísticos brotan en cada edificio, la playa del Postiguet se llena de “guiris” y la juventud alicantina actualiza el currículum con esa mezcla de esperanza, humillación preventiva y resignación.
Porque sí, llega el ansiado momento en que miles de jóvenes vuelven a emprender esa entrañable tradición consistente en buscar “un trabajo de verano”. Una experiencia antropológica fascinante en la que se compite ferozmente por contratos de veinte horas que en realidad son cincuenta, salarios que parecen una broma del empresariado y horarios diseñados por alguien que claramente odia la conciliación y quizá también a la humanidad.
El verano alicantino no lo sostienen las palmeras ni el sol. Lo sostienen camareras agotadas, repartidores sudando a cuarenta grados, dependientas encadenando turnos imposibles y estudiantes que descubren, con enorme emoción, que el “ambiente dinámico” de la oferta laboral significa exactamente que nadie sabe cuándo sale de trabajar.
Lo verdaderamente admirable es la........
