¿Qué está pasando en las Hogueras?

Visitantes se fotografían junto a un monumento durante las Hogueras de 2025. / Áxel Álvarez

¿Qué está pasando? Por qué la festa de Fogueres, las fiestas oficiales de la ciudad de Alicante, declaradas de interés turístico internacional, esas que hacen que durante los 365 del año un grupo considerable de amantes de estas trabajen de forma altruista por llenar las calles de arte efímero, de música de pasodobles, de dolçaina y tabal, de lucir indumentaria tradicional y, en definitiva, de fomentar y dar continuidad a nuestra cultura y tradiciones estén a pocos meses de sus días grandes, envueltas en incertidumbre y cuyo futuro, lejos de pasar por la celebración de su centenario, se convierte en un agonizante incógnita.

¿Qué está pasando? Cuando se trata de las fiestas oficiales de una ciudad como Alicante donde su mayor reclamo es el turismo, donde por cada euro que invierte un foguerer o barraquer en cada una de sus asociaciones para la plantà de su foguera o su portalá, el beneficio repercutido a la ciudad es de 130 euros, llenándose sus calles de visitantes que se alojan en sus hoteles, comen y cenan en sus bares y pasean por sus calles al ritmo de un tabal contemplando ese trabajo por el que hemos estado luchando durante todo un año.

¿Por qué desde otra visión externa se nos ve como el enemigo? Asumimos todas las premisas técnicas para garantizar la seguridad durante los días de fiestas, algunas incluso rozando lo inviable, pero las salvamos, nos adaptamos, reducimos la emisión de ruidos y los horarios de mayor impacto, adaptamos los recintos a las medidas de accesibilidad. No hay ningún interés personal en ello, es una forma de vida, responde a nuestra cultura, a nuestras tradiciones, al mantenimiento de esas fiestas oficiales de nuestra ciudad.

Recuerdo cuando a toda la humanidad le tocó vivir uno de los peores momentos de su historia, la covid-19, cuando el mundo se paró y lo que es peor, la vida nos dejó en muchas de sus formas posibles. Ese fue uno de los momentos más duros al que se tuvo que enfrentar la fiesta de fogueres porque, cuando comenzábamos a salir, había que hacerlo con una cantidad de medidas de seguridad, que a veces resultaban hasta imposible de concebir, pero salimos… salimos a la calle, hicimos festa de fogueres… porque la necesitábamos.

En esos momentos difíciles, la fiesta se acopló perfectamente a la rareza de la vida, asumió y acató todos y cada uno de los requerimientos técnicos y sanitarios para hacerla viable y lo hizo con el espíritu que la caracteriza, la empatía y con el único deseo de proyectar felicidad.

Recuerdo perfectamente cómo, en aquellos momentos, nos llenaba de vida hacer lo que fuera y como tuviera que ser… no era por gusto, no era un capricho, era una necesidad.

Necesitábamos tener ilusión, tener vida, salir de la rudeza del día a día, de los trabajos, de las obligaciones, de la tristeza, del dolor, del desconsuelo… para tener un momento de vida, de unión, de ilusión, de celebración, de algo que nos caracteriza a los alicantinos, el pertenecer a una maravillosa ciudad de luz abierta a todo el mundo y disfrutar juntos de la festa de fogueres, como fuera… pero ser felices.

Siento mucho recurrir a un recuerdo tan desagradable pero no he encontrado mejor comparación para expresar a través de estas líneas cómo veo yo las fiestas, cómo las vivo y cómo las siento… Esa necesidad que todos tenemos de sonreír, de ser felices, de compartir, de crear vínculos familiares y amistades que perduran en el tiempo y que pasan de padres a hijos y a nietos. De ese respiro que uno siente cuando sale de su rutina, dejando a un lado las obligaciones para dar rienda suelta a su bienestar.

Las fiestas son necesarias para la salud mental de la humanidad, aquí en Alicante con sus fogueres y en cualquier rincón de España celebrando sus días grandes. Las fiestas son, además, una fuente importante de ingresos en la economía de la ciudad con la construcción de les fogueres y portalás, con la confección de la indumentaria, con cada nota que emiten las bandas de música y collas, con la pólvora, las flores… y un largo etcétera de sectores que se activan con ellas.

Por eso ahora veo todo lo que está sucediendo y no puedo permanecer inerte. No entiendo nada, no entiendo qué pasa. No alcanzo a comprender dónde está el problema porque, incluso en peores escenarios, les fogueres han salido adelante, se ha podido siempre y con una voluntad recíproca, de los festeros que se han adaptado y de las instituciones que siempre han sabido ver las fiestas como lo que son… no solo un motor económico sino un motor cultural y, sobre todo, necesario para el bienestar social, y muestra de ello es que cada año aumenta la dotación económica en la subvención municipal con el fin de apoyar el crecimiento de les fogueres.

Es por eso por lo que pregunto: ¿qué pasa?

No entiendo por qué ahora parecen estar en peligro de extinción. La voluntad del colectivo no ha cambiado, no ha decaído, al contrario, crecemos y lo hacemos con el firme propósito de ser cada vez más grandes, especiales. Caminamos hacia nuestro centenario para ser más auténticas, para mostrar nuestra verdadera identidad y continuar ofreciendo a nuestra ciudad y a todos los que nos visitan, lo mejor de nosotros mismos, un derroche de vida, de ilusión, de tradición, de arte efímero, de música, de pólvora… porque es lo que somos. No somos parecidos a nadie más... tenemos nuestra propia identidad alicantina, somos fogueres.

Seguimos siendo los mismos luchadores que buscan ayudas gubernamentales, de patrocinadores y hasta debajo de cualquier piedra que haya en el camino para seguir adelante. Existe esa voluntad de adaptación, ha existido siembre y existirá una actitud conciliadora.

Pero todo esto hay que gestionarlo, porque gestión es lo que se espera del ente que organiza la fiesta oficial de Alicante. Un interlocutor que, de forma transparente, alinee el objetivo de las comisiones con el de la ciudad para que la fiesta mejore año tras año en todos sus aspectos: arte efímero, cultura, tradición y convivencia. Necesitamos un órgano gestor que gestione, que evite, con su mediación, circunstancias como las que estamos viviendo en estos momentos con comisiones que tienen que cambiar su proyecto a pocas semanas de dar comienzo nuestros días grandes, otras muchas que no saben qué va a ser de sus proyectos o en qué calle podrán plantar o que todas en general no sepan qué importe de subvención se va a cobrar.

Necesitamos una gestión que haga que no existan enfrentamientos entre comisiones porque eso nos debilita como colectivo, nos deja atados de pies y manos y nos cierra todas las puertas a conseguir nuestro objetivo común, continuar ofreciendo a la sociedad nuestra seña de identidad, nuestra cultura y nuestras tradiciones.

Creo firmemente en que la conciliación es posible, lo ha sido en momentos aún más complicados logística y socialmente que este, desde luego que sí.

¿Por qué ahora parecemos ir hacía atrás en lugar de hacía delante? Es una pregunta que me hago y para la que solo encuentro una respuesta, falta gestión.

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